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Notas de buhardilla

Patria nueva

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Ramiro Bejarano Guzmán
05 de julio de 2026 - 05:06 a. m.
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Empieza a conocerse el proyecto del gobierno sobre su lucha contra la corrupción que, según uno de sus ministros, “no va a ser un discurso, no vamos a depender exclusivamente de los órganos de control. Vamos a detectar, por iniciativa propia, el Gobierno nacional, todas estas actuaciones irregulares, porque ese es un mandato que nos entregó el pueblo colombiano, que hace parte de la patria milagro y de la expectativa que tienen los colombianos”.

No fue claro el discurso en la campaña, pues nunca oímos que el gobierno perseguiría a los corruptos sin apoyarse exclusivamente en los organismos de control. Tampoco que “esa agenda y esos decretos los voy a desarrollar yo directamente”, es decir, el destacado ministro del Interior quien diseñará “las herramientas más eficaces jamás vistas”. ¡Chapeau!

Hay que celebrar las buenas intenciones de combatir la ilegalidad en una sociedad que la adoptó como forma de vida, y que viene de padecer escándalos en la UNGRD, Ecopetrol, Aerocivil, etc. Pero es urgente aterrizar, porque todos los gobiernos, inclusive el que está por concluir, se inician con campañas contra la corrupción, y ninguno ha acertado.

Sería interesante saber qué piensa el procurador Eljach de que el gobierno entrante expida decretos que le permitan atribuirse y concentrar en un ministerio las funciones para perseguir a los corruptos. Y también conocer qué piensan las Altas Cortes y la Fiscalía de que puedan ser sustituidas o ignoradas por el gobierno que se avecina. Y será muy útil saber cómo harán los congresistas, incluidos quienes están pidiendo pista en la nómina oficial, para tragarse el sapo de que, en vez de que ellos expidan las leyes anticorrupción, lo haga el Ejecutivo de la mano infalible de un solo hombre. El gobierno del Tigre se tiene confianza porque también anunció que “la aplicación de la ley nunca puede ser considerada una cacería de brujas”. Me viene a la memoria el libro Los juristas del horror (La justicia de Hitler), de Ingo Muller, en el que se revela cómo la Alemania nazi, aplicando la ley, perpetró los más oprobiosos crímenes contra opositores.

La separación de los poderes es una garantía de todo Estado de Derecho. La fórmula está inventada, es sencilla: el Ejecutivo gobierna y administra; el Legislador hace las leyes, y el poder judicial las aplica. Cuando esa ecuación se altera y el Ejecutivo asume esas funciones, empieza la dictadura. Si lo que quieren es que la Casa de Nariño investigue y sancione a los delincuentes, tendrán que reformar la Constitución que han jurado defender.

Asistimos a un giro de 180 grados porque como hay que destruir todo lo de Petro, entonces hay que respaldar los embrujos totalitarios. Conviene que revisen la historia, porque esa solución de encantarse con un falso salvador, ya se vivió con creces. Recuérdese cómo en junio de 1953 el país alababa como “Segundo Libertador” al general Gustavo Rojas Pinilla, como remedio contra la criminal tiranía conservadora de “sangre y fuego”; inicialmente le permitieron todo y un año después comprendieron que era otro sátrapa godo igual al anterior que fue necesario derrocar el histórico 10 de mayo de 1957.

El gobierno entrante siente que la “patria milagro” convirtió a todos sus integrantes en mesías, pero tendrán que serenarse y prever que un gobierno con tanto poder puede contaminarse de la corruptela que pretende erradicar. Un poder sin controles termina siendo venal, porque el poder corrompe al poder.

Que se pongan de acuerdo en el rumbo judicial, pues mientras el gobierno amenaza con liderar solito desde la presidencia un bloque de búsqueda contra la corrupción, por otro lado, el Tigre instruye al arrogante, voltearepas y fanático religioso vicepresidente electo, para que ahonde en las sólidas investigaciones de Ricardo Calderón en Caracol TV sobre los arreglos delictuosos de la Paz Total, que nos tiene a todos indignados, pero que lo que establezca lo mande al Departamento de Estado. Las Altas Cortes también deben estar pendientes de una explicación coherente para que asunto tan relevante no lo puedan conocer ellas. Conociendo a varios togados, es seguro que no aplaudirán como las focas.

Adenda No 1. Ningún sentido tiene para la oposición hacer invivible el país a Abelardo y su entorno, si ellos pueden solitos; para eso resucitaron el cadáver insepulto del laureanismo. He allí el milagro.

Adenda No 2. Risibles los “fallidos ministeriables” que cobran el sacrificio dizque por declinar los supuestos nombramientos que intrigaron por meses.

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