14 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Qué pereza Fico

Soy un colombiano más de aquellos que miran con horror el abanico de más de 50 precandidatos a la Presidencia, entre los cuales tampoco he podido identificar uno que finalmente me convierta en militante de su causa. Todavía falta mucho por ocurrir, oír o ver, y estoy seguro de que son muchas las sorpresas que nos vamos a llevar, las volteadas que tendremos que soportar y los insultos a los que tendremos que asistir.

Si bien no hay claridad para decidir a quién apoyar, por lo menos sí puedo decir que empezando a deshojar la margarita ya he concluido que bajo ninguna circunstancia votaría por Federico Gutiérrez, un personajito inventado a última hora por la godarria y poderosa élite antioqueña para que con la sola experiencia, por cierto nada brillante, de haber sido alcalde de Medellín sea el próximo inquilino de la Casa de Nari.

Y no lo digo simplemente porque Fico, como le gusta que lo llamen, sea un uribista purasangre del mismo talante y estilo de María Fernanda Cabal, lo que, por supuesto, para quienes hemos padecido la persecución de los gobiernos de Uribe y de Duque es explicable motivo para no asomarnos por allá. Hay más razones y cada vez que me aproximo a una declaración de Gutiérrez ratifico mis impresiones.

Gutiérrez no es un hombre público dueño de su destino ni de sus ideas, que son pocas y agresivas. A él lo gobierna una pasión enfermiza por descalificar a todo aquel que no haga parte de su credo, aunque de dientes para afuera suele repetir que respeta a todo el mundo siempre que esté en democracia, es decir, de su lado.

Es allí donde empiezan los insolubles problemas de Gutiérrez y fácil resulta imaginar lo que sería este político regionalista sentado en el mismo sillón que deshonraron Uribe y Duque, repitiendo un manual belicoso y provocador. Esta actitud ya está comprobada, al menos en el ámbito local de su ciudad natal, pues Fico es el más grande conspirador contra su sucesor, Daniel Quintero, a quien, como los huesos atrapados por los perros rabiosos, no suelta ni siquiera para respirar. El resultado de esa campaña visceral es que en Medellín hay una polarización si se quiere más honda que la que sacude al país. Todo eso es obra de Gutiérrez, obviamente hija de su intolerancia que no es solo suya, sino que viene prestada desde una poderosa hacienda de Rionegro o de Córdoba.

Ya tenemos bastante los colombianos con la polarización asfixiante como para elegir a un señor que no hará cosa distinta de contribuir a que crezcan la discordia y los odios, porque ese es el ambiente en el que personas de su estatura creen que debe ejercerse el poder.

Para no ir muy lejos, la obsesión de Gutiérrez contra Petro sería legítima y podría llegar a convencer si estuviese fundada en criticarle su gestión en el servicio público como senador o como alcalde de Bogotá, como lo hacen legítimamente otros precandidatos. No, el programa de gobierno de Gutiérrez es más de lo mismo que han pretendido Uribe y Duque: todo aquel que haya hecho parte de un grupo insurgente no merece ser acogido en el seno de la democracia. Bajo el estribillo de que Petro tiene las manos untadas de sangre, Gutiérrez lo que nos ofrece, si llegare a ganar, es que tampoco en su mandato se implementaría el proceso de paz con las Farc, ni avanzaríamos con los del Eln, porque todos tendrían untadas las manos de sangre y porque en ese escenario nadie recordaría el pavoroso número de 6.402 inocentes sacrificados por cuenta de los “falsos positivos”

Obviamente Gutiérrez está hablándole a la galería de fanáticos que consideran que este país solamente lo merecen quienes han vivido como él y en su entorno. Esa no es la Colombia que anhelamos muchos. En efecto, qué pereza tener otro mandatario que se la pase denigrando de los esfuerzos por implementar la paz para mantenerse en el poder y criminalizando a sus críticos y opositores. De eso estamos hastiados y esa desgracia no nos puede seguir ocurriendo. Ya es suficiente tragedia la herencia de los regímenes que no solo nos dejaron irreconciliablemente divididos, sino el que ahora pretende enemistarnos nada más ni nada menos que con Irán.

Adenda. El Gobierno condecorando al fiscal Barbosa. ¿Lo harán también con la mayoría del Consejo Nacional Electoral o con los magistrados de la Corte Constitucional Alberto Rojas y Antonio José Lizarazo?

notasdebuhardilla@hotmail.com

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