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Notas de buhardilla

Rabietas y pataletas

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Ramiro Bejarano Guzmán
12 de julio de 2026 - 05:06 a. m.
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El enredo que ha armado Petro, desconociendo el inobjetable triunfo de De la Espriella, y también este último levantándose de la mesa del empalme, retrata la intolerancia y agresividad de ambos y su carencia de grandeza. Petro no quiere reconocer que se le venció su período y debe irse el próximo 7 de agosto para no volver jamás, pero Abelardo, y en especial los ministros designados, siguen creyendo que no ha terminado la campaña presidencial y se esmeran en expresiones sectarias. Lo único medianamente divertido de este tragicómico empalme es el humillante y ridículo desfile de lagartos menesterosos por congraciarse con el nuevo gobierno o por obtener prebendas burocráticas. Para ello unos no escatiman lisonjas hacia el belicoso fanático religioso que ocupará la Vicepresidencia, mientras otros descalifican la desobediencia civil, tildándola de inconveniente y polarizante.

Petro se enfureció con la entrevista retadora de Carlos Alonso Lucio en la revista Cambio, en la que repitió lo que Abelardo ha dicho desde siempre: que Petro es un bandido y que lo van a encarcelar aquí o en los Estados Unidos. Eso ya lo ha oído el país, al igual que las amenazas de Abelardo contra el expresidente Juan Manuel Santos, así como sus peligrosos dardos a periodistas y columnistas que incluyó en una lista que tiene preparada no precisamente para premiarlos. Si el tema es viejo, entonces no se entiende la ira presidencial, a menos, claro, que Petro y Lucio tengan una rencilla personal irreconciliable desde los tiempos en que militaban en el M-19.

De otro lado, lo que nos han contado a cuentagotas a los colombianos es que el equipo del presidente electo lleva desde enero averiguando el estado de la nación, y que ya tienen el 75 % de la información que esperaban obtener en el empalme. Si eso es así, y no hay motivo para suponer que sea mentira, entonces, ¿cuál es la razón de armar semejante alboroto? Ahora, si lo que pretenden es judicializar al gobierno saliente, pues, como la ranchera, no amenacen y pidan ya a las autoridades que practiquen las experticias de rigor y que empiecen a llamar a interrogatorios a los ministros, directores de departamentos administrativos, funcionarios y asesores, como paso previo a capturarlos y extraditarlos. Pero que sepan todos —quienes se van y quienes llegan— que estamos hastiados de verlos agarrados mañana, tarde y noche, unos por ocultar lo que inevitablemente se hará público; otros, por no controlar la ansiedad de acceder a la información que a partir del 7 de agosto tendrán a su alcance.

Lo que sí desconcierta es la actitud silente de Iván Cepeda, pues en últimas es él, por ministerio de la ley, el jefe de la oposición como candidato perdedor, no el mandatario saliente. Es a él a quien le corresponde informar al país si, después de haber reconocido el triunfo del otro candidato, respaldará las manifestaciones descalificadoras de Petro. Desaprovechó Cepeda una magnífica oportunidad de marcar territorio y darle seguridad al país de que será un aguerrido jefe de oposición y no un amanuense del régimen que se apaga.

Y hay más sorpresas provenientes de los ministros designados, quienes están entregados a la orgía de intimidar a todo aquel que no coincida con sus pensamientos, aunque no cesan de anunciar que respetarán, pero poquito, las libertades de expresión y opinión. Las entrevistas de esos ministros en ciernes están confirmando que la vanidad y la soberbia se apoderaron de la mayoría de ellos, y por ese camino odioso no solo pueden terminar mal ellos sino también el gobierno histórico al que se han entregado con devoción y encendida obsecuencia. No hay que desearles que les vaya mal a esos aprendices de estadistas, pero ojalá se calmen y comprendan que no se pueden quemar antes de asumir sus funciones, porque de ese descrédito no se recuperarán en lo que reste de gobierno.

Ya falta menos de un mes para que se vaya uno y llegue el otro; ya que no pudieron acordar el empalme de los asuntos oficiales, por lo menos que disimulen sus nervios y aprendan a convivir con sus malquerencias. Esto apenas comienza.

Adenda No 1. Despido con inmenso pesar a mi compañero de universidad y colega, Gustavo Gallón Giraldo. Se va un grande e irremplazable jurista, pero sobre todo un inolvidable amigo y un extraordinario ser humano.

Adenda No 2. Mucho tilín, tilín, y nada de paletas, va resultando el gabinete próximo. Cada vez más provocador y menos provocativo. Si así va a ser el nuevo rumbo, se necesitará algo más que un milagro.

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