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Sin tragar entero

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Ramiro Bejarano Guzmán
01 de febrero de 2009 - 03:00 a. m.
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EN EL CORAZÓN DEL NORTE DE BOgotá, por donde transitan gentes generalmente pudientes, explota una bomba de menor poder, que no sólo acaba con la vida de un vigilante lleno de necesidades y la de una mujer cargada de ilusiones familiares, sino que además causa consternación nacional. ¿Fueron las Farc? Sí, esa es una versión probable, pero no la única, menos en el país de los falsos positivos y de los atentados simulados.

También quisiera creer sin dificultad que fueron las Farc los autores de este ataque terrorista, que en lo personal sentí en vivo y en directo, pero francamente esa generalización obsecuente puede hacernos más daño que favorecernos.

 En efecto, es muy extraño, por decir lo menos, que en medio de la triunfante seguridad democrática, cuando el Gobierno anuncia diariamente que las Farc están aniquiladas, en el sector más custodiado de la capital, los insurgentes hubieran llegado tan lejos. ¿Cómo hicieron las Farc para bombardear el norte de Bogotá, sin ser sorprendidos y, lo que es peor, sin que aún hoy haya un solo detenido por la criminal acción y ni siquiera un retrato hablado? Raro, muy raro todo.

Si como se ha informado la tienda de videos que sufrió el atentado estaba siendo extorsionada desde hace meses, a quién se le ocurre que ese sitio tan expuesto estuviese desprotegido, sin vigilancia de las autoridades y además resguardado en una construcción frágil. Curioso.

Lo que indica la más elemental de las lógicas, es que si en ese lugar ya la insurgencia había puesto sus ojos extorsionadores, como en efecto ocurrió, los encargados de combatir el terrorismo deberían de andar alertas. Pues no, lo que ahora sabemos es que no obstante las amenazas y las extorsiones, a nadie se le ocurrió que ese sitio debía ser protegido en forma permanente.

O no hay vigilancia en la capital, o la que hay es insuficiente, o definitivamente las Farc no están tan extinguidas como lo pregonan los aplaudidores del régimen. O hay alguien con mucho poder que no está bien informado o que deliberadamente está mintiendo, vaya uno a saber con qué mezquino propósito electoral o politiquero, por ejemplo, el de asustar al establecimiento que todavía cree que esta democracia sólo subsiste si hay una nueva reelección presidencial.

En lo que va corrido de este Gobierno hemos conocido de supuestos falsos atentados, como el que montó un pintoresco jefe regional de una agencia de inteligencia, para ganar indulgencias ante su jefe. A ese suceso supuestamente menor, se han agregado las ejecuciones extrajudiciales decretadas al amparo de los falsos positivos, por cuenta de las cuales están presos muchos oficiales y cuestionada la seguridad democrática.

Si el Gobierno va a sindicar a las Farc de una explosión terrorista, que lo haga pero de forma convincente, no aprovechándose del sentimiento de pánico y de indefensión del hombre del común.

Y una cosa final. Varios de los ministros que se aproximaron al sitio donde tuvo lugar el atentado, no parecía que estuvieran siendo testigos de un acto terrorista, sino de un insólito coctel callejero. Patético resultó el ministro Diego Palacio, quien se hizo presente primero para dar entrevistas sobre lo que no sabía, y luego, para pavonearse delante de las cámaras como un playboy criollo repartiendo sonrisas y besitos.

~~~

Adenda.-  Uribe le dice en secreto a Juan Manuel Santos que no será candidato, otra cosa le dice a Noemí; y los partidos gobiernistas se inventan la bobería de un ultimátum para que su jefe les confirme que, como Chávez, sí quiere la reelección indefinida. ¡Democracia culebrera!

 

notasdebuhardilla@hotmail.com

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