Tanto el ecuatoriano Noboa como Petro son culpables de la inesperada e insólita crisis que se inventaron para crearse en sus respectivos gobiernos otro problema innecesario, como si no bastara con los que ya tenemos.
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Claro que nada justifica el portazo a Colombia del presidente Noboa imponiéndonos aranceles del 30 % a nuestros productos. Es un gesto inamistoso, odioso, dictatorial y además mentiroso.
En efecto, la supuesta causa invocada por Noboa para adoptar esta decisión es la de que Colombia no atiende bien la seguridad en la frontera. Se le olvida a este aprendiz de mandatario que si de algo hay prueba es de que las FARC siempre han pernoctado en suelo ecuatoriano, como ocurría con alias Raúl Reyes. Este insurgente tenía un campamento del lado ecuatoriano en el que finalmente fue dado de baja en un abusivo e inaceptable golpe del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. A propósito, resulta una coincidencia malhadada que el pendenciero expresidente esté en el Ecuador precisamente ahora cuando estalla este enredo entre las dos naciones hermanas.
Noboa es un dictadorzuelo que va cayendo vertiginosamente en las encuestas. Así lo demostró cuando se sacudió atropelladamente de su fórmula vicepresidencial, Verónica Abad Rojas, a la que sacó a punta de arbitrariedades. Más tarde ordenó asaltar la embajada de Méjico en Quito para capturar a Jorge Glas, ex vicepresidente de Ecuador, condenado y preso por sobornos de Odebrecht. Y ahora decidió, al mejor estilo Trump, sancionarnos con aranceles, pero valiéndose de una coartada cínica y mendaz.
Como todo tirano, Noboa es tramposo y soberbio. En vez de decir con claridad que impuso aranceles a Colombia porque le molestó que Petro primero hubiese concedido nacionalidad colombiana al ex vicepresidente Glas y, además, que luego haya pedido su liberación en su condición de colombiano, pero sobre todo porque cree que eso le subirá unos punticos en las encuestas, optó por invocar un problema de seguridad fronterizo que él mismo no ha podido controlar en su país.
Aunque Noboa se haya fastidiado con Petro por esa jugada de nacionalizar a un reo ecuatoriano y enseguida reclamar que lo excarcelen, ello no legitima la sanción arancelaria impuesta a Colombia, ni tampoco el deterioro de las relaciones binacionales colomboecuatorianas.
Pero si por el lado de Noboa todo huele mal, por el lado de Petro hiede lo que ha hecho sin que sus compatriotas nos hubiéramos enterado.
Petro, así como ferió la nacionalidad que entregó al inicio de su mandato a unos españoles que luego han terminado enredados en oscuras operaciones comerciales, ahora decidió hacer ciudadano colombiano al ex vicepresidente ecuatoriano a pesar de que sigue detenido. ¿Cuándo se solicitó ese favorcito en la Cancillería? ¿Cuál fue el trámite que se siguió? ¿Cuáles son los méritos del convicto ecuatoriano para ahora acogerlo como colombiano? ¿Para qué se impulsó ese trámite?
Tal vez esta nacionalización es la primera que se otorga a un extranjero estando detenido en su país. Desde que Petro asumió la presidencia es cosa fácil, porque los requisitos que debe cumplir un extraño para acogerse a la nacionalidad colombiana son simplemente que lo quiera nuestro mandatario. Se regala el honor de ser colombiano como si se tratara de una piñata jugosa que dispensa a su antojo el círculo íntimo de la familia presidencial.
El país tiene derecho a conocer cómo fue que el gobierno terminó convirtiendo en compatriota a Glas y por qué ahora pide que lo liberen para que venga a vivir aquí en Bogotá al lado del expresidente panameño Martinelli y, como van las cosas, de pronto hasta de Alex Saab, el cliente estrella del tenebroso Abelardo de la Espriella.
No hay duda, mientras Noboa mintió para sustentar el atropello arancelario, Petro utilizó la nacionalización de un condenado para mover las complejas fichas de un peligroso ajedrez político que solo entienden él y su lánguida canciller, Rosa Yolanda Villavicencio. Como dice el dicho, “que venga el diablo y escoja” entre Noboa y Petro, dos insensatos e irresponsables populistas que están causando daños irreparables a sus países.
Adenda. Nadie del gobierno de la seguridad democrática y de las “chuzadas” del DAS pedirá excusas ahora que el exsecretario de Uribe Vélez ha sido condenado a pagar una importante indemnización a sus víctimas.