Tal parece que las campañas uribistas y/o ultraderecha de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella solo piensan en ganar y no en gobernar, en lo que coinciden con su mutuo mentor, quien luego de la primera vuelta ordenará que uno de los dos se someta al otro, así como ya lo hizo con el gelatinoso y voltearepas de Oviedo. Se salvó Fajardo, pues de haber aceptado estar en la Gran Consulta hoy estaría convertido en un teniente del uribismo, como todos los de esa coalición. Algo similar acontece con la izquierda de Cepeda, pues su programa de gobierno y el de sus alfiles es simple: no contradecir ni irritar a Petro.
Basta ver las imágenes por televisión de la inscripción de Paloma como candidata para observar en primer plano a su cuñadísimo Juan Carlos Pastrana (Ver video al final de este párrafo), no propiamente camuflado con otros lagartos sino sobresaliendo y prácticamente dando órdenes. Fácil imaginar lo que sucedería si coronan y regresan al poder. Paloma, con el respaldo de su hermanito, el excónsul Pedro Agustín, y el auxilio que confiesa le pide todos los días a Uribe, su “padre eterno”, ha integrado comités de momias sobrevivientes del establecimiento para que administren su campaña. Ese sería el país del futuro si gana Paloma con su extenso grupo familiar: un gobierno liderado por quienes hace rato están de salida y andan recogiendo los pasos, respaldados por unos exmilitares y expolicías vinculados al grupo de seguridad, en el que no hay ninguno que haya ganado una sola batalla.
Por el lado de Cepeda, su gesto de inseguridad de leer sus discursos aún en plaza pública, como dictando una clase aburridora, además de raro no convence. Menos después de que aun leyendo sus arengas, no le alcanzó el tiempo ni la prudencia para calcular que cualquier mención a Antioquia como cuna del paramilitarismo iba a suscitar una reacción airada pero justa de los paisas. El paramilitarismo surgió y se consintió en muchas otras regiones, como cuando la godarria vallecaucana armó en los años 50 al bandolero “El Cóndor” para que matara liberales, lo mismo que hizo en los últimos tiempos financiando y armando paracos. El paramilitarismo no fue una política regional sino de Estado. El alboroto va en que ahora la Asamblea de Antioquia, por una mayoría bastante precaria, decidió declarar persona no grata a Cepeda, olvidando su condición de aspirante presidencial y la importante votación del Pacto Histórico el 8 de marzo.
Y en medio de todo ese enredo, Cepeda pasa agachado pues no ha dicho una palabra sobre la paz, ni sobre la liquidación de la EPS ordenada arbitrariamente por Petro, ni cómo va a solucionar el colapso de la salud, ni si continuaría con la política de marchitamiento de las universidades privadas, o si hay algo en lo que no esté de acuerdo con el gobierno saliente. Mejor dicho, nada en lo que tengamos interés los ciudadanos. Lo trascendente, como Paloma, es ganar ahora, no importa lo que pueda pasar en los siguientes cuatro años.
Y en las hordas De la Espriella, a pesar de que también participa de tales síntomas, por lo menos hay buenas noticias, pues es evidente que se marchitó. Hasta sus dudosos encuestadores tuvieron que admitir que no ha subido y que viene bajando. Las gentes que inicialmente parecían obnubiladas con los disparates de este vocero a ultranza de la ultraderecha —quien también arrancó con la ilegal propuesta de llamar como su vicepresidente a Uribe— reaccionaron y entendieron que esto no puede entregársele a un aventurero que sembraría odios y borrascas, su única especialidad. Y su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, a nadie estremeció, porque el papel que Abelardo le asignó fue ponerlo a marchar, allí sí, literalmente, saludando a la bandera.
Ninguna de estas campañas parece estar evaluando que cualquiera que gane no le quedará fácil gobernar porque no solo no tienen programa, sino que ninguno tendrá mayorías en el Congreso y de contera, deberá enfrentar oposición atroz y capotear la constituyente que está avanzando silenciosamente en la Casa de Nariño, de lo que ya nadie habla.
En suma, con Paloma, Cepeda o Abelardo continuaría la espiral de polarización y violencia, porque este trío tiene libreto para salvarse ellos, no al país. Con cualquiera estará seguro la continuación de la guerra. Es la hora de mirar otras opciones serenas en vez de insistir en condenar el futuro.
Adenda. Mezquino, infame y canalla el propósito del Centro Democrático y sus candidatos de sindicar del magnicidio de Miguel Uribe Turbay precisamente al aspirante que puntea en las encuestas.