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Trío en su laberinto

Ramiro Bejarano Guzmán

03 de mayo de 2026 - 12:06 a. m.

Tensa, aburrida, insustancial y ridícula esta campaña, por lo que se les oye a los candidatos de la ultraderecha, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, sin que Iván Cepeda se quede atrás. No hay una sola propuesta que merezca la pena considerarla. Muchos gritos, pocas ideas.

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Abelardo ha mostrado lo que sería él gobernando. Sus rencores con quien se atreva a criticarlo avalan que la Casa de Nariño en poder de este loriquero inculto, de malas maneras y pésimas alianzas, amenazaría la prensa y la libertad de expresión.

Habla mal de un candidato que no tenga entre sus asesores un solo intelectual de prestancia sino un penalista cualquiera exigiendo rectificación a cuanto periodista o columnista expresa sus legítimos reparos a Abelardo. Eso avizora lo que sería el futuro agitado de un país dirigido por un mandatario alérgico a que lo cuestionen. En efecto, no hay presidente que no sea criticado, lo que vaticina la tragedia para las libertades públicas si ganaran De la Espriella y el tontarrón de José Manuel Restrepo, el de la obviedad de que llegó la hora de los derechos de las mayorías. No llegarían a gobernar sino a husmear los salones o medios en los que se sientan maltratados para multiplicar denuncias, demandas y otras intimidaciones. Por supuesto, no hay que olvidar que allí también anida Álvaro Uribe Vélez, el gestor de resentimientos, quien estaría dispuesto a convertirse en capitán en la sombra de ese nefasto cuatrienio de su pupilo recogido en Montería, hoy asociado con el fastidioso e impreparado nieto de Laureano Gómez.

Por el lado de Paloma la cosa no mejora, porque con su alarido extravagante de que Uribe es su papá, está pintando el probable mandato al que llegaría de la mano de Oviedo, el gelatinoso aspirante a vicepresidente, a quien detestan las figuras más retardatarias de ese uribismo recalcitrante, homofóbico, misógino y excluyente. En cuanto se asomen a la Casa de Nariño se agarrarán de las mechas cuando ella quiera cumplir su sueño de entregarle las riendas a Uribe, y Oviedo tenga que tragarse ese sapo, además de los que ya se ha tenido que engullir en la campaña.

Paloma no tiene cómo cumplir su promesa de gobernar para todos, porque no se lo permitirían Uribe, ni su cuñadísimo Juan Carlos Pastrana, ni la prosapia goda que ella está orgullosa de liderar y auxiliar. En ese hipotético gobierno solo cabrían ellos solitos con sus momias y sus envejecidos blasones de hidalgos, se reencaucharía el “gobierno de negociantes” y muchos seríamos perseguidos, como con Abelardo y como pasó con los dos períodos de Uribe. Paloma cree convencer pidiéndoles a los antioqueños que le ayuden a convencer a Uribe de que acepte ser su ministro de Defensa, cuando la cosa sería al revés: Uribe con sus paisanos convenciéndola de que ella sea presidenta y no títere.

Los probables votantes de Paloma o Abelardo deben reflexionar lo que se nos vendría encima de renovarse las credenciales de poder a quien abusó en el pasado de las mismas. Con cualquiera de la ultraderecha que triunfe no habrá paz, tampoco prosperidad, salvo para los que se sienten en las poltronas oficiales; en cambio, sí continuarían la zozobra, el hostigamiento a críticos y la penuria para los desposeídos.

Cepeda no se salva, sobre todo a medida que la campaña lo va exponiendo al escrutinio colectivo. Sus actitudes confirman que detrás de su aparente mesura se esconde un intolerante que reacciona mal a la opinión disidente. Así como Abelardo y Paloma tienen a Uribe respirándoles en la nuca, Cepeda tendría a Petro al acecho de que no le falle con su Asamblea Constituyente, porque siempre estaría listo a recordarle que si llegó hasta ahí no fue por sus méritos sino porque él lo quiso, como dueño absoluto del M-19.

Candidatos como estos no convencen por lo que representan y porque ninguno tiene experiencia en administración pública. Tal vez también por eso este triunvirato mesiánico se negó a enfrentar debates, solo insultar y vociferar.

Adenda No 1. El profesor de la Universidad del Valle Alberto Valencia Gutiérrez publica su nuevo libro Realismo atroz: álbum familiar de la violencia en Colombia, un conmovedor catálogo fotográfico de la violencia política de los años cincuenta, basado en el archivo de monseñor Germán Guzmán Campos.

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Adenda No 2. Magnífico el libro Rafael Uribe Uribe: Cartas a sus hijos, del profesor Pablo Rodríguez Jiménez. Valioso documento histórico y familiar.

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