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17 Apr 2022 - 5:30 a. m.

Un señor librero

Entre las cosas agradables que trajeron estos días de quietud estuvo la de dedicar muchas horas a la lectura sin interrupciones y sin pausa. De los varios libros que cayeron en mis manos destaco el de mi paisano bugueño Felipe Ossa, Leer para vivir, un texto cuidadosamente tejido con datos biográficos propios y de los suyos, empezando por su padre, y con la descripción del nada fácil pero apasionante oficio de librero que el autor ejerce desde 1962 en la Librería Nacional.

Desde siempre Ossa ha sido un lector infatigable, como lo fue su padre. A ambos los conocí junto con su madre, doña Raquel, y su hermana, Irene, en nuestra natal Buga, siendo yo muy niño y él un poco más que adolescente. De su padre, Luis Ernesto, siempre se supo que fue un hombre muy culto y el más leído de su época. Tuve la fortuna de conocer su biblioteca, tal vez la primera que vi y la única que había no solo en el “pueblito” sino en toda la región. Su casa era también muy apetecida porque era de las pocas con piscina, una comodidad que aún hoy sigue siendo exótica. Con ternura Felipe recuerda la quiebra de su progenitor, un pródigo que despilfarró una inmensa fortuna heredada de sus mayores, también todos acaudalados. Cuenta Ossa que su progenitor decía que el problema con el dinero era que “si se ahorraba, uno era un avaro; si lo gastaba, un haragán; si se dedicaba a conseguirlo, un ladrón y un agiotista; si no lo conseguía, un vago, y si no lo usaba, entonces para qué servía”. Su derrumbe económico era previsible, el cual además causó conmoción en la Buga de los años 60, donde no había narcotráfico todavía, pero sí unos pocos oligarcas feudales y el resto pobres.

Pero toda esa tragedia que significó haber quedado en la más apremiante pobreza luego de haber nacido en cuna de oro se ve como un accidente menor al lado de la emocionante tarea de haber vivido entre libros como lector y librero, en la que lleva ya 60 años. Haber vendido libros en un país donde el promedio de lectores es bastante precario y amar ese oficio describe el talante desprendido de Ossa. Es, sin duda, un ser especial que en su memoria guarda miles de nombres de personajes inteligentes y cultos como él, pero también de millones de libros disfrutados íntegramente, porque hace suya la frase de Héctor Yánover, el librero poeta, quien aseguraba: “Juro que los que leen son más hermosos que los que no leen. Como un diamante, el alma se va puliendo con la lectura e inevitablemente sale afuera la luz del corazón”.

Ossa es de esos hombres con destino marcado desde la cuna y lo confiesa al declarar: “Los libros me llevaron a ser librero y ser librero me llevó a los libros”. En ese mundo se ha hecho notorio e imprescindible, con la orientación de sus maestros —Bernardo Hoyos y Bernardo Ramírez, además de su padre—, a los que sigue profesando con lealtad incancelable admiración y gratitud. Este libro que nos entrega ahora Ossa es un verdadero bálsamo que atrapa porque tiene también espacio para el humor y la ironía, como cuando recuerda que el escritor Rafael Alberti, en su apartamento en Roma, tenía un cartel en el que anunciaba: “No se hacen prólogos”; o cuando refiere que una clienta le preguntó: “¿Tiene un manual sencillo sobre paramilitarismo?”; o su colección de sarcasmos de autores como Jacinto Benavente, quien dijo alguna vez: “Algunos escritores aumentan el número de lectores, otros solo aumentan el número de libros”.

Supongo que otros libreros del continente deben de estar repasando este trabajo memorioso de Ossa que sin decirlo sí deja en sus lectores la seguridad de que pase lo que tenga que pasar con los libros, aun si llegasen a desaparecer como lo vaticinan algunos pregoneros del infortunio, en todo caso jamás desaparecerán los libreros. Mientras haya cosas para leer, quienes las busquen llegarán a ellas de la mano de esos artesanos de la cultura que devoran leyendo por gusto y por necesidad, para orientar y dar buenos consejos.

Felipe Ossa tendrá la palabra por siempre, pero sobre todo la voz autorizada con la que regularmente también ofrece una deliciosa y afortunada reseña de libros nuevos en ese adorable templo de paz y buen gusto que para muchos es nuestro refugio espiritual: la emisora HJUT 106.9 de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Adenda. No les alcanzará la vida a Iván Duque y a Diego Molano para explicar y defenderse de la masacre del Putumayo. Sin contar el desastre que se avizora en el pleito con Nicaragua.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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