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16 May 2022 - 5:01 a. m.

Desigualdades ambientales

Cuestionar las políticas de conservación ambiental en momentos cuando el mundo parece acabarse, es una reflexión que además de contra-intuitiva podría parecer inmoral. Sin embargo, esta ha sido la cuestión que nos ha reunido por meses a quienes escribimos esta columna, para reflexionar sobre las desigualdades que pueden generar las políticas de conservación de la naturaleza.

Este escrito hace parte de una serie de 30 columnas reflexionando sobre 30 diferentes formas de desigualdad en Colombia que publicamos semanalmente los lunes.

Colectivo ¡Re-Imaginemos!

En la columna hablamos sobre la experiencia de una de las coautoras, la lideresa Wayuu Gloria Iguarán, y sobre el riesgo de desplazamiento que ha enfrentado su comunidad (Palaima), después de la declaratoria de su territorio como parte del Santuario de Flora y Fauna “Los Flamencos”. A partir de este caso, proponemos a los lectores cuestionar el ideal de naturaleza prístina que sostiene políticas de conservación en las que no participan ni deciden las comunidades indígenas o campesinas que habitan estos territorios (y que, de hecho, los han preservado), generando presiones y vulneraciones sobre dichas comunidades. Creemos que es posible generar modelos de conservación que integren otras formas de vivir y habitar el mundo. Si bien esta no es una discusión que suele estar en el centro del debate sobre desigualdades ambientales, consideramos relevante visibilizar el tema para abrir futuros debates.

¿Conservacionismo y desplazamiento?

Gloría Iguarán, lideresa de la comunidad de Palaima en La Guajira, vio cómo el lugar en el que siempre vivió fue nombrado en 1992 como el Santuario de Flora y Fauna “Los Flamencos”. El pescado que comían todos los días que salía de las ciénagas Manzanillo, Laguna Grande, Navío Quebrado y Tocoromanes, y de los ríos Camarones y Tapias, sería ahora parte de un ecosistema protegido donde nadie podría pescar. Las rondas de los pescadores y las reglas sobre los tiempos de veda que todos conocían ahora serían reemplazadas por trabajos en los pueblos cercanos y normas sobre áreas protegidas que provendrían de oficinas en Bogotá. El cambio en la definición de su territorio fue un cambio sobre su vida.

El episodio más traumático fue cuando Gloria despertó siendo reconocida como invasora del lugar que conocía desde niña. Los funcionarios de Parques Nacionales Naturales que visitaron su territorio le dijeron que las enramadas y casas de bahareque de su pueblo iban en contra de la sostenibilidad ambiental que necesitaba el santuario. “Luego nos quisieron desalojar de nuestro territorio porque estábamos invadiendo las playas y desde la Alcaldía de Riohacha nos mandaron un decreto donde decía que teníamos que desalojar. Nos dieron una semana para desalojar y, si no, nos venía a sacar el ESMAD”. Después de haber visto lo imposible, Gloria se reunió con su comunidad y decidieron retomar su territorio. Así, lograron un acuerdo temporal con la Alcaldía que frenó el desalojo y los proyectos de concesión ecoturística que estaban pensados para el santuario. Bajo el proyecto de conservación se encontraba entonces la posibilidad de que otras personas accedieran a la nueva área conservada pagando dinero. Se trataba del desplazamiento de una forma de vida por otra.

El acuerdo temporal mantuvo a la comunidad de Palaima dentro del territorio delimitado como “Los Flamencos”, con continua zozobra por un posible desplazamiento. Las sedes de Parques Nacionales, que cuentan con agua y electricidad dentro de sus territorios, les fueron negadas, y las caminatas que debían hacer para acceder a agua o para cargar un celular eran cada vez más extensas. Veinte años después de continuas conversaciones con Parques Nacionales, las autoridades Yonama y Otkajawa (que representan a la comunidad de Palaima) están cerca de firmar un acuerdo de gobernanza y entendimiento intercultural. Este acuerdo garantizaría la permanencia de Gloria en su territorio.

Casos como este, en los cuales la protección ambiental debe coexistir con las tradiciones y derechos de las comunidades indígenas, hay muchos. De acuerdo con estudios de Naciones Unidas, casi la mitad de los bosques del Amazonas se encuentran en territorios indígenas. Esto evidencia la urgencia de explorar alternativas para lograr modelos de preservación más inclusivos.

Cuidar el medio ambiente sin generar desigualdades

Es posible cuidar el medio ambiente de una manera más participativa, que reconozca y empodere a las comunidades locales y que genere oportunidades en vez de exclusiones y vulneraciones a los derechos. Si reconocemos los saberes y prácticas ancestrales, podemos aprender mucho. Esto implica pensar más allá de los paradigmas científicos, para entender que existen otras formas de entender y relacionarse con la naturaleza, formas que ponen en el centro la vida. Es crucial empezar a poner ambos tipos de saberes en diálogo, para diseñar soluciones menos desiguales para proteger el medio ambiente.

Este tipo de visiones son también una oportunidad para reducir otras desigualdades sociales y económicas que suelen enfrentar las comunidades que habitan estos territorios. Como un simple ejemplo, existen oportunidades para aprovechar el ecoturismo de una manera que no necesariamente sea financiada por inversionistas externos, para el disfrute de clientes externos.

Debemos dar más relevancia a las estrategias de co-conservación y pedagogía, al igual que a estrategias que generen inclusión social y productiva en diálogo con la conservación. Parques Nacionales Naturales ha logrado avanzar en estas estrategias, pero reconocemos que continúa un modelo de conservación general que aún debemos replantear y continuar construyendo globalmente. Como un aporte para visibilizar el camino que queda por recorrer para reimaginar caminos de equidad ambiental, la artista Julia Tovar elaboró una ilustración en la cual se presenta una crítica a la idea prístina de naturaleza conservada para unos pocos, mientras se excluye a las comunidades. Conócela acá.

Desigualdades ambientales
Foto: Ilustración de Julia Tovar

Este escrito hace parte de una serie de 30 columnas reflexionando sobre 30 diferentes formas de desigualdad en Colombia que publicamos semanalmente los lunes. Las columnas fueron escritas a partir de un proceso de diálogo entre 150 jóvenes académicos, artistas, activistas, víctimas y demás personas de diferentes perfiles y saberes. Este proyecto se llama Re-imaginemos, y es una carta abierta invitándonos a hablar, cuestionar y reimaginar las desigualdades.

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Coautores: Gloría Iguarán, lideresa wayuu en la comunidad de Palaima, La Guajira; Cristina Hernández, abogada, antropóloga y candidata a PhD en Derecho, de Bogotá; Emilio Luna, abogado especializado en Derecho Ambiental, de Bogotá; Jonathan Luna, antropólogo, ecólogo y líder de defensa territorial del Huila, Cauca y La Guajira; y Julia Tovar, ilustradora y artista visual bogotana, madre de un humano, tres gatos y dos perros. Con la participación de Laura Otálora, antropóloga visual y realizadora de documentales.

Editora: @Allison_Benson_

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