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23 May 2022 - 5:01 a. m.

Política y desigualdad

Las elecciones presidenciales que tenemos esta semana son una oportunidad para reflexionar sobre la política colombiana; más allá de las votaciones, sobre las posibilidades reales de la ciudadanía de incidir en las decisiones públicas. Estas elecciones son también una oportunidad para recordar que el sistema político colombiano sigue siendo desigual, y que las desigualdades políticas terminan siendo, a su vez, causa y consecuencia de las muchas otras desigualdades socio-económicas que existen en el país.

Este escrito es el último de una serie de 30 columnas reflexionando sobre 30 diferentes formas de desigualdad en Colombia que publicamos semanalmente los lunes.

Colectivo ¡Re-Imaginemos!

El acceso a la política -entendida como la herramienta para que los ciudadanos intervengan en los asuntos públicos- es una problemática estructural y que ha marcado los capítulos más significativos de nuestra historia, pasando por la Hegemonía Conservadora, la República Liberal, La Violencia, el Frente Nacional y posteriormente, el enfrentamiento entre guerrillas y paramilitares. Pese a avances importantes, las desigualdades políticas siguen existiendo. Las movilizaciones multitudinarias del año pasado (y las que puedan surgir en adelante) son evidencia de la deuda histórica que tenemos en lograr que la política represente a las poblaciones y territorios más excluidos y marginados de la centralidad nacional.

Apertura y representatividad política: ¿Sí ha habido un avance real?

La Constitución Política de 1991 marcó un avance innegable en la reducción de las desigualdades políticas. Se crearon reglas de apertura para nuevos partidos políticos y se fortalecieron los mecanismos de participación directa como el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, entre otros. A pesar de ello, existe aún hoy un enorme número de colombianos y colombianas que no se sienten representadas ni incluidas. Estos millones de colombianos, posiblemente no saldrán este domingo a votar.

Las desigualdades en la representación política se reflejan de muchas maneras. Una es la aún baja participación de mujeres en el Congreso (en las elecciones de marzo, se eligieron sólo 86 mujeres de las 279 posibles curules). Otra es la muy desigual representación de los departamentos colombianos en este. Aunque el Senado de la República tenga una naturaleza de circunscripción nacional, su representación ha estado muy concentrada en los departamentos con mayor desarrollo, dejando relegados a otros como Putumayo, Amazonas, Caquetá, Guainía, Vaupés o Vichada.

Desigualdad política, económica y social

No es coincidencia que las mujeres o los departamentos más apartados y más empobrecidos tengan un menor acceso a la política. Como ya lo dijimos, las desigualdades políticas son causa y consecuencia de las demás desigualdades socio-económicas que existen en Colombia. La concentración de recursos económicos y de oportunidades se entremezcla con la concentración del poder político. Esto se evidencia en reportes como los de la Misión de Observación Electoral (MOE), señalando, por años, los riesgos que se derivan de la forma como se financian las campañas electorales en Colombia. Esto, sin contar con la incidencia de dineros ilícitos para el financiamiento de campañas, algo que aún hoy con las mejoras en los controles sigue siendo un debate nacional que requiere solución.

Así como el poder económico concentra el poder político, la falta de oportunidades económicas también reduce las oportunidades del cambio político. Esta lógica es evidente en territorios como el Chocó. Velia Vidal, escritora y gestora cultural de este departamento, reflexiona al respecto comentando cómo la participación en política se torna en una de las pocas alternativas de supervivencia, y no en un ejercicio real de representación del interés colectivo: “cuando pienso en ese joven de Bahía Solano, donde no hay acceso a servicios públicos, no hay empleo, no hay universidad. La pregunta es: ¿Qué voy a hacer yo? ¿Cómo voy a salir de esto? La política se convierte en un instrumento para poder liberarse de las duras realidades de las que ha sido víctima. Claro, mientras la representación política se entienda de esa manera, no van a poder pasar cosas buenas; pero ¿cómo le dice uno a una persona que viene de un contexto como este que no ponga su interés y el de sus cercanos primero?”

Estos escenarios, en los cuales la política, en vez de convertirse en la herramienta que rompe el ciclo de desigualdades estructurales, se expresa como un eslabón más de dicho ciclo, explican por qué la ciudadanía pierde la confianza, siente mayor grado de desconexión y no encuentra en la política un mecanismo para que sus causas y necesidades sean tenidas en cuenta. Lo anterior, menciona José David Riveros, abogado experto en asuntos públicos: “se convierte en el peor círculo vicioso que perpetúa las desigualdades. La lógica perversa que conlleva la desconfianza profunda, implica: no confío en la institucionalidad, por tanto, no participo, y, por tanto, nada cambia”.

¿Qué alternativas tenemos?

La existencia de desigualdades políticas nos recuerda la importancia de pensar en las soluciones. Soluciones que requieren profundas reformas políticas, pero también, de las acciones de cada colombiana y colombiano. En cuanto a las reformas que necesitamos, una relevante es la financiación pública (así sea temporal) de campañas, que reduzca la incidencia de dineros privados e ilegales en las elecciones. Debe existir un mercado legal de política; de lo contrario, el ejercicio político siempre estará en un manto de duda frente a su legitimidad.

Otra propuesta que se discute comúnmente es la reducción del número de congresistas e, incluso, la eliminación de una de las cámaras. Consideramos que esta propuesta, que responde a un sentimiento de indignación, terminaría aumentando aún más las desigualdades en la representación, sobre todo en la representación regional. Una alternativa más efectiva sería seguir la línea de las Circunscripciones Transitorias Especiales Paz (conocidas como las curules de las víctimas), es decir, abrir espacios específicos para territorios o grupos poblacionales tradicionalmente relegados, inclusive con reglas especiales, por ejemplo, para garantizar la participación de organizaciones sociales, campesinas, comunales y de jóvenes. Esta participación debe ser una participación efectiva y con garantías. No puede pasar que las curules especiales se vean en juego por amenazas, o que sean acaparadas por actores políticos para las cuales no fueron creadas, como lamentablemente pareció ocurrir en las elecciones de marzo con algunas de las curules de las víctimas.

Abrir espacios de participación más inclusiva requiere pensar no solo en las elecciones, sino también, en los momentos que le siguen. A manera de ejemplo, John Arias, comunicador social y periodista experto en política, señala cómo “los jóvenes se terminan volviendo repartidores de la campaña, en la calle, haciendo ruido, pero cuando llegan al poder los partidos, seguimos viéndolos de la misma manera, desde la política tradicional… se apaga esa participación”.

Esto resalta, además, la relevancia de garantizar la participación en escenarios permanentes, como, en el caso de los jóvenes, los Consejos Locales de Juventud; claro está, mientras este tipo de espacios logren incidir realmente en las decisiones públicas. Al respecto de la participación, un ejercicio interesante que se ha aplicado en Bogotá durante los últimos dos años es el mecanismo de presupuestos participativos de las alcaldías locales, en los cuales los ciudadanos de manera efectiva han decido las inversiones que éstas deben ejecutar. Los espacios permanentes de participación son importantes, pues, como lo señala Velia, “yo no creo en planes de choque, creo que procesos de largo plazo que generen instituciones que entiendan como fundamental el diálogo permanente, la participación permanente y la generación de oportunidades de manera permanente”.

Seguramente la respuesta más difícil, al depender de ejercicios ciudadanos de largo aliento, es la capacidad de abrir oportunidades y confiar en nuevos liderazgos políticos. Liderazgos que respondan a causas reales y concretas, que permitan cierto grado de representación. Si bien la representación nunca será unánime, sí debe canalizar causas, necesidades y expectativas de las mayorías.

En últimas, Colombia lleva toda su historia buscando resolver las desigualdades políticas. Cada momento coyuntural ha traído recetas nuevas con mayor o menor impacto. La inclusión real de diversidades, necesidades y oportunidades de incidencia en asuntos públicos es lo que permitirá reducir la desigualdad política en Colombia, para, a través de esta, avanzar en reducir las muchas otras desigualdades que afectan a nuestro país. Hacemos un llamado a todas y todos para que este domingo demos un paso hacia allá, ejerciendo el derecho al voto de manera libre e informada.

Política y desigualdad
Foto: Pieza artística de @thecolombist

Este escrito hace parte de una serie de 30 columnas reflexionando sobre 30 diferentes formas de desigualdad en Colombia que publicamos semanalmente los lunes. Las columnas fueron escritas a partir de un proceso de diálogo entre 150 jóvenes académicos, artistas, activistas, víctimas y demás personas de diferentes perfiles y saberes. Este proyecto se llama Re-imaginemos, y es una carta abierta invitándonos a hablar, cuestionar y reimaginar las desigualdades.

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Coautor: José David Riveros, abogado experto en asuntos públicos y participación política. Con la participación de Velia Vidal, escritora y gestora cultural del Chocó; Jhon Arias, comunicador social y periodista experto en política, del Caquetá; y Daniela Sierra, politóloga y activista. Pieza artística por: @thecolombist.

Editora: @Allison_Benson_

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