Un franco proceso de recuperación arruinado por la pandemia

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Esta afirmación sería común en políticos en campaña buscando convencer a despistados, pero como proviene del propio ministro de Hacienda, como balance de los dos años de gobierno, obliga a un análisis detallado. Según la visión oficial, la economía nacional venía funcionando muy bien, hasta que apareció la pandemia. Los datos permiten una interpretación diferente.

Durante 2019, el crecimiento de Colombia fue superior al del resto de América Latina y uno de los más altos del mundo, en medio de la configuración de una crisis que comenzó a estallar el 9 de marzo con la caída de los mercados globales, previo a la pandemia. También, la inflación había retornado al rango meta y se mantuvo el grado de inversión. La supuesta estabilidad macroeconómica fue usada como discurso político para ocultar la crisis que se venía cocinando.

Ese mismo año, la tasa de desempleo cerró en 10,5 %, a pesar de que la promesa presidencial había sido llevarla a 8 %. Perdieron su trabajo 170.000 personas y 209.000 más se sumaron a la desocupación. Las cifras revelan que, durante 2019, el consumo de los hogares creció 8,2 %; las remesas, en 6,5 %, los desembolsos de crédito lo hicieron en 12,1 % y las ganancias de los bancos se incrementaron en 13,4 %.

Es decir, la economía creció porque la gente consumió más. ¿Cómo pudo hacerlo con menos trabajos? Gracias a los giros enviados por trabajadores en el extranjero y a un mayor endeudamiento. La estructura productiva, ligada a la exportación de recursos naturales, produjo un déficit en cuenta corriente de 4,3 % del PIB, ante la incapacidad de aprovechar la devaluación para incrementar y diversificar las exportaciones. En el primer trimestre de 2020, sin pandemia, la situación no estaba mejorando: la tasa de desempleo llegó a 12,6 %, la más alta en una década para ese período.

En el terreno fiscal, la primera reforma tributaria de Duque, en 2018, produjo un crecimiento de los impuestos asociados a la renta en 4,4 % y de 8,3 % en el recaudo por IVA. Esto denota una orientación regresiva en la que el Estado obtiene ingresos indirectos que afectan el consumo de hogares de ingresos bajos y medios.

En los dos años de gobierno, la política económica no se ha centrado en seguir las experiencias positivas del mundo desarrollado, sino en procurar mayor estabilidad financiera a los monopolios que obstaculizan el crecimiento requerido por el país. Quedan dos años de gobierno y el reto de construir una propuesta diferente.

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