Recuperación y distribución

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La crisis económica de la cuarentena de la pandemia no fue otra cosa que un choque de ahorro que se ajustó mediante la reducción de la inversión, la producción y el empleo, y luego se reforzó. Las concepciones teóricas neoclásicas dominantes en los altos círculos que suponían que la economía recuperaría la actividad en pocos meses sin afectar la distribución del ingreso fueron invalidadas por los hechos.

El resultado es claro. La economía colombiana viene operando de tiempo atrás con un bajo nivel de ahorro que dio lugar al típico modelo de crecimiento inequitativo. El modelo hizo aguas con la reducción del ahorro ocasionado por la pandemia. La recesión en 2020 fue mucho mayor que la prevista, se trasladó a 2021 y probablemente a 2022. Por lo demás, tuvo efectos inimaginables sobre la distribución del ingreso que no se ha hecho mayor cosa para contrarrestarlos. La pobreza pasó del 36 al 47 %, el coeficiente de Gini subió a 0,53, la participación del trabajo en el producto disminuyó y los grupos más vulnerables recibieron una compensación muy inferior a su participación en la población.

No faltarán quienes digan que lo que está ocurriendo en el país es lo mismo que sucedió en el resto del mundo y, por lo tanto, no hay nada que hacer. En muchos países sucedió lo mismo que en Colombia, porque se incurrió en las mismas fallas institucionales, como el predominio de los bancos centrales. En general, la cuarentena de la pandemia provocó una fuerte contracción que colocó las economías en condiciones de ahorro faltante que precipitó la caída de la inversión, la producción y el empleo. Sin embargo, los efectos posteriores fueron distintos, porque en los países desarrollados tienen mayores posibilidades de aumentar el ahorro, toda vez que disponen de mayores niveles de ingresos.

En la actualidad, el país enfrenta una seria deficiencia de ahorro que impide la normalización de la economía. La situación se ve agravada por el déficit en cuenta corriente y por la política del Banco de la República de aumentar el dinero por debajo de la demanda. Mientras permanezcan estas condiciones, se mantendrá el desbalance interno que precipitó la caída del producto y no ha podido levantarlo. Por lo demás, se impedirán las transferencias para aliviar el enorme deterioro de la distribución del ingreso.

Ha fallado el método científico. El país no tiene los diagnósticos sobre las causas que precipitaron la mayor caída del producto y el empleo del siglo. Se esperaba que en los resúmenes de finales de año se presentara un análisis detallado de las causas de la estrepitosa recesión con inequidad que percibe la economía. Lo cierto es que luego de un año no se tiene un informe oficial comprensivo de las causas de la crisis, ni de la forma que se enfrentará en el futuro. No se reconoce que la concepción del Banco de la República para reducir la inflación a cualquier costo, el cuantioso déficit en cuenta corriente y el bajo ahorro ocasionaron un desbalance estructural que no se arregla solo.

Los esfuerzos oficiales se destinan a financiar el déficit fiscal con pasivos de las empresas públicas. La operación contable le da recursos al Gobierno, pero no resuelve el problema de fondo del ahorro que impide la recuperación económica y la distribución del ingreso. Las enormes rentas y ganancias de las privatizaciones no resuelven los daños estructurales de la crisis económica y, en su lugar, alteran la transparencia administrativa y la relación entre los sectores público y privado. La recuperación del crecimiento y el empleo, así como el cambio sustancial de la distribución del ingreso, solo se pueden lograr con modificaciones drásticas en el comercio internacional, el Banco de la República, las transferencias sociales y la fijación del salario.

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