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Trump podría caerse de la alfombra voladora

Reinaldo Spitaletta

31 de marzo de 2026 - 12:00 a. m.

Es más fácil decir “América para los americanos” (o sea, para los Estados Unidos), en una adaptación neoimperialista de la Doctrina Monroe, que someter un país como Irán en dos o tres días. Es más simple —con todo lo horroroso que puede sonar— mandar a los “perros de caza” de la ICE a arrasar con inmigrantes y, de paso, asesinar a varios ciudadanos estadounidenses, que destruir un país que tiene armas para defenderse. Y es más sencillo, como se ha visto, arrasar un pueblo desarmado, o que tiene hondas y otras piedritas para tirarles a los tanques, que derrotar a los ayatolas y a toda una nación.

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Un proverbio chino dice así: “levantar una piedra para dejarla caer sobre sus propios pies”. Y es, según parece, lo que está aconteciendo con el aleve ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Aquí puede ser, volviendo a otra célebre frase china, que, en efecto, “el imperialismo es un tigre de papel”. No siempre es simple someter a una nación, ni humillarla en vano, sin que haya, mínimo, una respuesta de dignidad y de defensa de la soberanía y la autodeterminación.

Pese a todas las violaciones gringas e israelíes del derecho internacional, de pasarse por la faja principios de lo que la llamada “civilización” diseñó para la convivencia pacífica mundial, la respuesta autodefensiva de Irán tiene en aprietos a los incendiarios Trump y Netanyahu. Bueno, hay que decir, en honor a la verdad, a estos dos genocidas.

Debería el convicto Trump, por ejemplo, acordarse de que su país, un reincidente violador de soberanías, invasor, destructor de pueblos y culturas, gendarme del mundo, fue derrotado —en una de las humillaciones más devastadoras de la historia— por un pueblo de arroceros. Ni las masacres de civiles, ni el napalm, ni los bombardeos incesantes, ni la invasión, pudieron doblegar el patriotismo y heroísmo de los vietnamitas del norte.

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Pero el gringo está ahí, alebrestado, exhibiendo corolarios, acomodando, más que la Doctrina Monroe, la del “gran garrote” de Teddy Roosevelt. Hay que someter del todo y por siempre jamás a las colonias (o neocolonias) de América Latina, dictar “cátedra” sobre lo que el imperialismo yanqui considera que es “democracia” y “libertad”. Y cuando no es con bombardeos, ni con ocupaciones, ni con violaciones flagrantes de la soberanía, se hace con el mercado, con los tratados leoninos, con aranceles…

Parece que las reacciones de Irán no se limitan a la ideología; también son fruto de una estrategia, de un plan de defensa que puede, en ciertos momentos, ser de ataque. Y así, por ejemplo, puede probar en la práctica que es capaz de interrumpir los tráficos energéticos por el Estrecho de Ormuz, y de enviar algunos “juguetes” contra aliados de Israel y Estados Unidos. No es solo bulla lo que produce. Los agresores han sido contraatacados.

El genocida Trump (también está acusado de pederastia) no consideró arriesgado —así dijo— atacar a Irán. “Piensas que un país va a aniquilar a otro y ese termina aniquilado, se pierden muchas guerras. La OTAN ha debido apoyarnos, ahora no estaremos con ellos”, dijo, después de haber pronunciado baladronadas como esas que en dos días ya estaría el pollito bien frito. El mandamás, que no deja de ser un atorrante, se ha puesto intranquilo por las respuestas iraníes. Es que —lo dicho— estos no tienen solo hondas y cerbatanas.

El jefe del Consejo de Información del Gobierno de Irán rechazó la propuesta de quince puntos presentada por Estados Unidos, y afirmó que “las palabras de Trump son mentiras y no hay que prestarles atención”. Y se supo, pese a tantas versiones y desinformaciones, que Irán no tiene en la mira realizar una rápida negociación. Entre tanto, los ataques de Israel y Estados Unidos continúan.

Lo que sí parece cumplirse, pese a tratarse de la feroz embestida de dos potencias contra Irán, es que la piedra que estas levantaron les está maltratando sus “patas”. Volviendo a los chinos, hace ya muchos años, en 1964, Mao Tse Tung dijo que “el imperialismo estadounidense, que se ha impuesto por doquier [entonces no había recibido el nocaut de los vietnamitas] se ha convertido en enemigo de los pueblos del mundo y se ha aislado cada vez más”.

Todavía, después de tantos años, Estados Unidos sigue siendo el principal enemigo de los pueblos del orbe. Y, así y todo, es inconcebible que, el pasado 11 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU haya condenado a Irán, país agredido por Israel y Estados Unidos, “por sus ataques a los países del Golfo Pérsico”. Se trata del “derecho internacional” al servicio de los criminales, de Estados Unidos e Israel. Pero lo más aberrante es que la Resolución 2817, de por sí grotesca, fue apoyada por el gobierno colombiano, que certifica así su lacayismo y vergonzosa sumisión a los verdugos.

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