El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

1930: Uruguay, primer campeón mundial de fútbol

Al FC Colonia seguro lo conocen ustedes en Colombia. Farid Mondragón defendió su arco durante tres temporadas en la primera década de este milenio. Y su artillero de guardia, en la actualidad, es el chocoano Jhon Córdoba: 13 goles y dos asistencias en la última temporada. Pues bien, al FC Colonia le tocó el triste destino, compartido en el derby con su eterno rival Borussia Mönchengladbach, de jugar el primer partido de fútbol fantasmal -sin espectadores- de la Bundesliga.

Ricardo Bada

24 de julio de 2020 - 06:00 a. m.
PUBLICIDAD

Pienso en ello cuando el calendario de efemérides me dice que del 13 al 30 de julio de 1930 se disputó en Uruguay (mejor dicho, en las tres canchas de Montevideo: Gran Parque Central, Pocitos y Centenario) el primer Mundial de Fútbol, ante unas masas enfervorizadas. Solo participaron en él 13 selecciones: cuatro europeas, siete suramericanas (entre las que no se contó Colombia) y dos norteamericanas. Por cierto que el once gringo dio la sorpresa al calificarse como primero de su grupo, por delante de Bélgica y Paraguay, gracias a lo cual pasó a la semifinal, que perdió frente a Argentina 6-1.

Fue un campeonato a la mayor gloria del Uruguay, que se proclamó campeón olímpico en París 1924 y Ámsterdam 1928. Ello provocó la reacción contestataria de los países europeos, al darse cuenta de que los jugadores uruguayos eran todos profesionales, y bien pagados, lo que iba en contra del espíritu de los JJ. OO., en los que solo competían sedicentes amateurs. Fue por eso que se creó la Copa Jules Rimet, como se llamó en un primer momento el Mundial de Fútbol, reservada a equipos con jugadores profesionales.

A la final de 1930 llegaron Argentina y Uruguay, como en Ámsterdam 1928, y de nuevo Uruguay se llevó el gato al agua ganando 4-2. Tres datos de esa final merecen un recuerdo especial. Los albicelestes y los celestes no se ponían de acuerdo acerca del balón con que debía jugarse la final. La FIFA resolvió el dilema de manera salomónica, a propuesta del árbitro belga Jean Langenus: el primer tiempo se jugó con un balón argentino y el segundo con uno uruguayo.

Read more!

También es Langenus el protagonista de los otros dos datos a recordar. Antes de pitar la final exigió que se registrase a los espectadores en busca de armas: se decomisaron 1.600 pistolas. Y asimismo antes de pitar la final consiguió la garantía escrita de que tendría a su disposición un barco en el puerto, una hora después del partido, por si “las que ni labráis como abejas ni brilláis cual mariposas”.

Hace de esto ahora noventa años. Resulta curioso constatar que el Mundial de Fútbol tiene ya una vida más larga que la que tuvo la Unión Soviética. Por algo será.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.