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Discriminadores ¡unámonos!

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Ricardo Bada
09 de enero de 2009 - 02:40 a. m.
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Seguro que  ustedes conocen los prejuicios nacionales articulados a través del idioma, expresiones como “hacerse el sueco”, “despedirse a la francesa”, “trabajar como un chino”, “beber como un cosaco”, “esto parece una merienda de negros”, etc. El castellano es de una riqueza polifónico-racista casi fuera de competición en la materia.

Pero a decir verdad, y en último término, si vale aquello de “vox pópuli, vox Dei”, no nos debemos llamar a engaño: un prejuicio formulado así es algo que por regla general lo da a luz el pueblo, incluso puede que con dolor. Es una especie de telegrama donde se resume una experiencia histórica.

Cuando un inglés de hoy habla de un contrato leonino empleando la expresión Dutch bargain, estoy convencido de que detrás de la referencia al pueblo neerlandés hay un sinfín de vivencias desagradables sufridas, aunque no necesariamente por quien la usa.

¿Y qué me dicen ustedes de la expresión “cortinas suecas”, con la cual los alemanes designan  los barrotes en las ventanas de las cárceles? ¿o “economía polaca”, con la cual quieren dar a entender que estamos en presencia de un despelote de muchísimo cuidado? ¿o “me suena a español” de la cual echan cuando aquello que acaban de escuchar es tan raro que no lo pueden entender?

Saliendo de Alemania, no deja de ser más o menos congruente que los ingleses llamen French disease a la sífilis, pues con seguridad la contrajeron en los burdeles parisinos, pero ya es raro que los españoles la bautizaran con el nombre de “el mal francés”. Los nietos de don Cristóbal Colón debieran ser más respetuosos con su propia historia. Para compensar ese olvido (tan) hispano, la vox pópuli neerlandesa ejerce represalias denominando a la sífilis “la enfermedad española”.

Y si  Julio Verne, siempre tan ponderado, cuando Picaporte se embriaga en Japón durante La vuelta al mundo en 80 días lo describe diciendo «borracho como toda Polonia entera»… entonces deberíamos ser más indulgentes con este género de estereotipos.

Para resumir, ¿por qué no aprendemos de los más elegantes, refinados y sutiles, que son los cineastas indios? En Bollywood, los papeles de prostituta y de villano corresponden siempre a personajes cristianos. De ese modo no hace falta andar calumniándolos verbalmente.

Como fruta confitada, coronando esta torta idiomática, déjenme concluir con un proverbio que aprendí de un amigo boliviano, de ese país que en la guerra del Pacífico contra Chile (1879) perdió su salida al mar (1894): «Ay don Ricardo», me dijo en cierta ocasión, cuando le propuse hacer algo que le pareció temerario, «éso es más peligroso que mapa dibujado por chileno».

A través de una expresión que sin duda debe ser políticamente incorrecta, me dio con su respuesta toda una lección de Historia.

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