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Fritz Wunderlich (m. 17-9-1966)

Ricardo Bada

15 de septiembre de 2016 - 09:00 p. m.

Se cumplieron 50 años de la trágica desaparición de uno de los mejores tenores de todos los tiempos: el alemán Fritz Wunderlich.

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Siempre ha sido Alemania un país contribuyente neto a la música. Pero no sólo por el aporte de sus compositores (Beethoven, Schumann, Brahms, Richard Strauss...), sino también de sus directores de orquesta (Furtwängler) e intérpretes instrumentales (Clara Schumann) y vocales, entre ellos, grande entre los grandes, el legendario tenor Richard Tauber, a quien los nazis obligaron a exiliarse por ser judío, pero luego de la guerra mundial las prodigiosas voces de Hermann Prey, Dietrich Fischer-Dieskau y, sobre todo, Fritz Wunderlich.

Su vida fue la de un cometa deslumbrante. Descubierto muy pronto su talento, para pagarse los estudios formó una orquesta de jazz en la que solía cantar imitando a Louis Armstrong. Y en 1956 debutó en la Ópera de Stuttgart en un papel principal, el Tamino de La flauta mágica, de Mozart, gracias a una estratagema rocambolesca de sus amigos. Y a partir de ahí, ya, una carrera imparable de diez años, que iba a encontrar su coronación en el otoño de 1966, con el debut en la Metropolitan Opera House de Nueva York.

Pero pocos días antes de su 36º cumpleaños y de partir rumbo a los Estados Unidos, la Muerte lo aguardaba agazapada en la escalera de la casa de un amigo, donde Wunderlich pasaba unas vacaciones; resbaló, cayó escaleras abajo y las heridas fueron tan graves que no hubo manera de salvar su vida. Murió horas después en una clínica de Heidelberg.

Recuerdo la profunda impresión, la hondísima pena que sentimos, como un espeso manto de tristeza, al conocerse la noticia. Mayor aún cuando el gran barítono Hermann Prey, uno de sus mejores amigos, declaró con la voz tronchada por la emoción y el dolor lo que Wunderlich le había dicho un par de días antes del fatal accidente: “Los buenos tiempos están por llegar, un cantante no está formado hasta cumplir los 40 años”. La Muerte no le dejó cumplir ni siquiera los 36.

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Lo que la Muerte no pudo impedir es que en esos escasos diez años de carrera, Wunderlich alcanzara a dejarnos una discografía de lujo donde brillan con luz propia las grabaciones integrales de La novia vendida, de Smetana, junto a la española Pilar Lorengar; La flauta mágica, con Fischer-Dieskau y la Filarmónica de Berlín conducida por Karl Böhm; la Alcina, de Haendel, con Joan Sutherland y la Capella Coloniensis; los lieder del ciclo La bella molinera, de Schubert...

Quienes aún no conozcan el milagro de esta voz única, óiganla en honor suyo, a los 50 años de su muerte, en una insuperable versión de Granada, de Agustín Lara:

https://www.youtube.com/watch?v=PLxe14bA8og.

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