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18 Mar 2022 - 2:00 a. m.

La Biblioteca de Escritoras Colombianas

Yo soy como el picaflor

He repasado con suma atención la lista de la Biblioteca de Escritoras Colombianas que se publicó hace poco en estas mismas páginas, y al respecto comentaré lo que sigue, bajo mi completa y exclusiva responsabilidad.

Soy amigo de Maruja Vieira y lo fui de Helena Araújo, a través de la cual contacté con Albalucía Ángel, y a Flor Romero de Nohra la conocí y la entrevisté en la Feria del Libro de Fráncfort de 1976. Y he leído bastante poesía de María Mercedes Carranza. Pero el resto son para mí auténticas desconocidas, y me precio de ser un buen conocedor de la literatura colombiana.

Me doy cuenta de que a los gestores de la antología les pareció importante de una parte el aspecto histórico del proyecto, y de la otra el hecho de escoger autoras de casi todas las regiones del país, hasta de Chocó y el Caribe.

Lo del aspecto histórico creo que se podía haber resuelto con un par de referencias que fueran inexcusables. Pero lo del prorratear el resto de acuerdo con el mapa me parece deleznable como criterio antológico. Es como cuando se asiste, por ejemplo acá en Alemania, a la formación de un nuevo gobierno, en este caso una coalición tipo semáforo, y el criterio dirimente no es la competencia de los ministros, sino lo que en Alemania llaman “Proporz”, es decir, el criterio de la proporcionalidad: tantas mujeres, tantos varones; tanta socialdemocracia, tanto de los Verdes, tanto de los liberales; tiene que haber alguien de Sajonia, alguien de Renania Septentrional-Westfalia, alguien de Baviera, alguien de Berlín, incluso alguien de ancestros migratorios...

Como si un gobierno fuese una máquina de repartir bombones y caramelos, y dejar contento a todo el mundo, con prescindencia de si los elegidos están o no capacitados para el desempeño que se les designa. El mejor gobierno que nunca tuvo España fue durante el reinado de Carlos III, quien se trajo de su corte de Nápoles y Sicilia a dos italianos y nombró ministro a un peruano de nacimiento, el gran Olavide, siendo este y sus colegas Esquilache y Grimaldi tres de los mayores políticos que han gobernado desde Madrid.

Por eso mismo, en esta Biblioteca de Autoras Colombianas resiento la ausencia de las poetas Piedad Bonnett y Lucía Estrada, de las narradoras Fanny Buitrago y Laura Restrepo, y sobre todo, sobre todo, de la inmensa Marvel Moreno, a quien los machos del boom también ningunearon cuando se dieron cuenta de que era tan buena o mejor que García Márquez. Le escribo a Nicole, hija de Helena Araújo y amiga mía: “Créeme que tu madre estaría mucho más feliz de hallarse en compañía de ellas que de doña Fulanita de Tal, muy conocida en su casa a la hora de tomar las onces”.

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