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Los amigos (pre)ocupantes

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Ricardo Bada
30 de julio de 2010 - 02:03 a. m.
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El general polaco Andrzej Tyszkiewicz era (no sé si lo sigue siendo) comandante en jefe de la tropa multinacional de 9.000 soldados que, según él, estaban de visita turística en el sector ‘polaco’ del territorio iraquí. Infiero el carácter de la visita porque el general afirmó: “No somos ocupantes de un país derrotado, sino amigos en un país liberado”.

Además de que al decirlo se contradijo con su frase más famosa —“Ésto (su misión en Irak) no son vacaciones”—, no le atestiguo al general Tyszkiewicz un despejado sentido de la amistad. Pero sí una imaginación desbordante. Porque sólo gracias a ella puede enorgullecerse de ser amigo nuestro alguien que nos visita vistiendo uniforme de camuflaje, protegido por vehículos blindados, e imponiendo su voluntad sobre la manera de comportarnos en nuestra casa.

Acaso al amistoso general le conviniera leer, en el preñado prólogo de Bernard Shaw a La otra isla de John Bull, este párrafo que viene aquí como yelito al whisky: “Cualquier demostración de las virtudes de un gobierno extranjero, aunque a menudo sea concluyente, es tan inútil como la demostración de la superioridad de los dientes artificiales, los ojos de vidrio, las tráqueas de platino y las piernas de madera patentadas, frente a los productos naturales”.

Resulta temible que un general con responsabilidades hacia la ciudadanía de su demarcación, aún no hubiera entendido que a la población civil no se la gobierna con órdenes, sino con leyes. Unas leyes que sólo llegan a serlo después de seguir los cauces democráticos, que incluyen recursos jurídicos para hacerlas valer ante la justicia. Las órdenes de un jefe militar, en cambio, únicamente generan responsabilidad frente a sus propios superiores. Dicho de otro modo: un jefe militar es civilmente impune por definición, pues de las consecuencias de sus órdenes no es responsable nada más que en su propio fuero. Así las cosas, el general Tyszkiewicz pudo afirmar que se encontraba en el Irak como amigo en un país liberado, aunque la verdad es otra, justamente lo que negaba en contrapartida.

Sí sé quién dijo “He combatido mucho en mi vida y por eso sé que la victoria militar sólo es posible cuando Estados Unidos invade la isla de Granada”. Fue el general ruso Aleksander Lebed, en una entrevista concedida a El País, de Madrid. No sé en cambio quién fue quien dijo que la guerra era un asunto demasiado serio como para dejarla en manos de los militares. Opino que la paz es un asunto bastante más serio que la guerra. Ergo... Pero la conclusión la dejo al criterio de ustedes.

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