Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Otro Macondo bajo la Cruz del Sur

Ricardo Bada

01 de marzo de 2018 - 09:00 p. m.

Existen territorios míticos en la literatura, algunos de los cuales fueron directamente creados por los autores a partir de la realidad: no se crea a partir de la nada, a no ser en el caso de Jehová. Los ejemplos podrían multiplicarse, y para sólo ceñirnos a nuestra literatura baste con recordar las mancuernas de Macondo y García Márquez, Comala y Juan Rulfo, y Santa María y Juan Carlos Onetti. El modelo de todos ellos es el condado de Yoknapatawpha, por donde deambulan los personajes posesos de William Faulkner.

PUBLICIDAD

Pero también existen en la literatura otros territorios míticos que son la pura y escueta realidad, sin mezcla de invención alguna. Por ejemplo, el París de Balzac y de Zola, al que luego se superpondría el de Simenon. Lo son además el Londres de Dickens, el Madrid de Galdós, la Colonia de Heinrich Böll... Pues bien: hay dos territorios americanos que han atraído desde siempre la atención mitologizante de los escritores: Alaska en el extremo norte y la Patagonia bajo la Cruz del Sur. Y mientras que Alaska tuvo en Jack London su irrepetible bardo, la Patagonia puede remitirse a las obras del francés Julio Verne, el argentino Osvaldo Bayer, el chileno Francisco Coloane, el inglés Bruce Chatwin, el USAno Paul Theroux y la alemana María Bamberg, la única de entre todos que se crió en la propia Patagonia.

Ahora deben añadirse las novelas Fuegia (como lo escribía Darwin), del argentino Eduardo Belgrano Rawson, y Tierra de fuego, de la también argentina Silvia Iparraguirre. En ellas se trata el tema de los buenos salvajes fueguinos en Londres y están posiblemente inspiradas por una observación de Darwin en el diario de su viaje alrededor del mundo a bordo de la Beagle. Al promediar ese diario, la bricbarca deja atrás el estrecho de Magallanes, y Darwin habla de Fueguia, la muchacha fueguina que había vivido un tiempo en Inglaterra y que, junto con otros dos fueguinos, también llevados a Londres por la anterior expedición, ahora regresaba a su tierra natal. Cuando años después prepara la edición de su diario, Darwin añade una nota a pie de página en este episodio, y la traduzco restituyendo su nombre a la protagonista y el topónimo español a las que él llama islas Falkland:

Read more!

“El capitán Sullivan, que desde su viaje con la Beagle estuvo ocupándose del levantamiento topográfico de las Malvinas, oyó en 1842 de labios de un cazador de focas, que en el límite occidental del estrecho de Magallanes había subido a bordo de su barco una nativa que hablaba un poco de inglés. Era sin sombra de dudas Fueguia Basket. Vivió (me temo que este verbo posiblemente oculta un doble sentido) algunos días a bordo”. Honi soit qui mal y pense!

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.