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Convivencia comunitaria

Roberto Esguerra Gutiérrez

28 de julio de 2013 - 06:00 p. m.

En los conjuntos los vecinos necesariamente tienen algún tipo de relación.

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Lo usual es que entre ellos no exista una amistad estrecha, sino una simple convivencia, que en el caso de conjuntos grandes hace imposible siquiera la identificación visual de muchos de los convivientes, lo que ha hecho posible que bandas de apartamenteros aprovechen para camuflarse como habitantes, mientras roban tranquilamente al vecindario.

Hay vecinos que no se sienten, pero hay algunos que parecen no disfrutar la vida sin estar en medio de estruendosa música a todo volumen y a toda hora, a quienes, como es de esperarse, les fascinan las fiestas, que organizan con obsesiva frecuencia, a las que invitan amigos con ínfulas de cantantes, que apenas se toman el primer trago comienzan sus desentonados cantos hasta que se les acaba la voz o simplemente se quedan dormidos, ya cuando amanece el día para los vecinos que poco pudieron dormir. Qué tal la vecindad de un apartamento de muchachos alegres de la costa Caribe que no perdonan rumba ningún fin de semana, o las clásicas del joven al que le acaban de regalar batería y el corneta mayor de banda de colegio que practica para el próximo desfile, o la muy conocida de los sufridos vecinos que tienen que aguantar partidos de microfútbol y ruidosas mascotas.

El mismo diseño arquitectónico, y supongo que el tipo de materiales empleados en la construcción, hacen que el aislamiento sea muy pobre, por lo que la privacidad y la intimidad se afectan gravemente y en los conjuntos hay que acomodarse a la vida de los vecinos, porque desde que abren la llave de la ducha para bañarse temprano en la mañana se inicia una convivencia de ruidos que abarca, desde las discusiones hasta las peleas, pasando también por las reconciliaciones y las manifestaciones de pasión. También nos enteramos forzosamente cuando el virus de la gripa ha colonizado su sistema respiratorio, porque los oímos toser tanto de día como de noche. El agua corriendo por las cañerías al descargarse los sanitarios es unos de los ruidos que más se transmiten en estas estructuras, por lo que si en lugar de un virus respiratorio el que visitó a los vecinos fue uno gastrointestinal, también lo sabremos.

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En los conjuntos hay algunos típicos personajes que se repiten de uno a otro con algunas variaciones. Por ejemplo el “neurasténico”, a quien todo molesta y nada satisface, que permanentemente está buscando motivos para quejarse de las cosas más insignificantes. No faltan los que tienen el complejo de “dueño”, quienes, bien sea porque llevan muchos años viviendo en el conjunto o por cualquier otra razón, adoptan la posición de dueños y todo el día dan órdenes y hacen observaciones aspirando a que todo se haga como ellos quieren. Desafortunadamente no faltan los “maltratadores” consuetudinarios, que de manera sistemática maltratan a porteros, aseadoras y funcionarios de las compañías administradoras.

La convivencia comunitaria no es fácil, pero es necesaria, exige ante todo respeto para con los demás, respeto a las normas que gobiernan el conjunto y respeto a los empleados, pero a la vez requiere comprensión, para entender que hay ocasiones y circunstancias especiales, no sobra algo de paciencia y ojalá también de solidaridad y apoyo. Es indispensable crear la cultura de convivencia que permita que todos vivan tranquilos, en paz y en lo posible felices.

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