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Un oficio raro

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Rocío Arias Hofman
02 de agosto de 2008 - 12:29 a. m.
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EN 1986 FIDEL CASTRO Y GABRIEL García Márquez fundaron la Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños, un pueblito cercano a La Habana donde abundan los zapateros y las niñas celebran sus 15 con grandes fanfarrias de tules vaporosos y organzas rosadas.

Gabo acostumbra a dictar sus talleres sobre escritura de guiones en la Escuela y eso le hace visitar anualmente la isla hacia el mes de diciembre. Hace unos días encontré un reportaje publicado en El País de España en el que el periodista Manuel Vicent relata la reciente y sorpresiva estadía de Gabo en la capital cubana donde se resalta que ocurrió “fuera de temporada”. Es decir, en el mes de julio y sin un taller entre manos.

La liberación de Íngrid Betancourt y los militares secuestrados por las Farc pilló a Gabo allí y parece ser que siguió minuto a minuto los detalles de la ‘Operación Jaque’, así como sus consecuencias mediáticas. Por supuesto, el Nobel sufrió el asedio periodístico de rigor y sus respuestas fueron, según Vicent, “no evasivas, sino prudentes y cargadas de un optimismo cauteloso”. Yo no le escuché ni mu al Nobel sobre el estruendoso tema. Pero también señala Vicente –y eso es lo que me interesa– que “Gabo no sería Gabo sin algo de política”. Se reunió con Raúl Castro, actual presidente de Cuba, y pasó casi seis horas charlando con Fidel.

En el libro Cómo se cuenta un cuento se reproducen algunos de esos talleres de guión dictados por Gabo. Son charlas entre profesor y discípulos alrededor de la concepción colectiva de la trama. Muy elocuentes. Soy ex alumna de la Escuela en el taller de televisión documental y recuerdo bien la intensidad de ciertos debates que allí se propician. Aprovecho este formato de rifi-rafe para recrear una conversación ficticia sobre la manera con la que el Nobel maneja su doble condición de magno literato y político de altos despachos. Algo que nunca me ha quedado claro.

Profesor: nuestro personaje es escritor y nació en un país convulsionado, siempre al borde del abismo. Las noticias que se conocen son escalofriantes y el mundo ve con recelo ese país. El escritor se dedica a lo suyo, a escribir libros. Tiene gran talento. Deja rastro de su prodigiosa pluma en salas de redacción de varios periódicos nacionales y en grupos literarios.

Alumno 1: el escritor es un tipo hecho a pulso. No le regalan nada. Lee y se forma por su cuenta. Tiene un gran sentido del humor con el que torea hábilmente la adversidad y más tarde la fama. Eso logra identificar al personaje con una persona normal ante el público. No puede ser un galán. Es de los de corazón entregado a una sola mujer y fiel a los amigos. Que se sienta que es de una sola pieza.

Alumno 2: el tipo está resultando demasiado bueno. ¿No sufre algún revés?, ¿qué hace con el rencor y la envidia?, ¿sus intereses jamás traicionan su forma de ser?, ¿por qué no lo ponemos en jaque con el poder?

Profesor: vamos a ver, Alumno 2, sea más claro y ponga un ejemplo.

Alumno 2: el tipo escribe como un loco. Le salen bien sus novelas. Hasta se escribe una obra cumbre para la literatura mundial...

Alumno 1:  ... y le dan el Nobel de Literatura. Lo nunca antes visto en su país donde nadie come cuento de nada. Todo el mundo queda con la boca abierta.

Alumno 2: bueno, digamos que se va con el Nobel a su casa, pero ahí comienza todo, porque entra en contacto con la fama, primero, y luego su carisma y brillo lo acercan al poder y a los poderosos que son dos animales distintos.

Profesor: ¿qué busca el autor en la política? Otra Nobel, la surafricana Nadine Gordimer, dice que los escritores sí deben comprometerse con su realidad política cuando ésta los requiera.

Alumno 2: al principio nuestro personaje no lo sabe, luego se inventa una fórmula extraña para definir su doble oficio. Funge como Nobel, una eminencia literaria a la que todos respetan. Hasta la mafia le perdona la vida a quienes andan con él. Y en política no es un activista sino que entronca, pongamos, con un líder legendario y cuestionado. Lo maneja como si fuera un asunto íntimo, de amistad personal. Sólo para él. Es un escritor egoísta.

Alumno 1: no sea así, el tipo sigue siendo un gran escritor.

Alumno 2: claro, pero también continúa moviéndose en círculos de poder y para su país sería importante contar con su fusta intelectual. Pero él no da su brazo a torcer. Deja que le saquen fotos con los políticos, permite que le pregunten sobre actualidad pero nunca se pronuncia. Queda mudo para la Historia.

“Profesor: un oficio raro el de nuestro personaje.

Alumno 1: al final él muestra el libro inédito que nadie, salvo su mujer, sabía que llevaba años escribiendo y donde aparece todo su pensamiento político-literario.

Alumno 2: ¿ya para qué? Su país está lleno de hoteles y sólo aparece en los catálogos de turismo”.

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