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Desempleo y responsabilidad

Rodolfo Arango

09 de diciembre de 2009 - 10:29 p. m.

ECONOMISTAS DE LA UNIVERSIDAD Nacional estiman que en enero de 2010 el desempleo en el país será del 14 o 15%.

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Ya rondamos los tres millones de desempleados y más del 60% de la población económicamente activa está en la informalidad. Habría que esperar hasta 2014 para percibir alguna recuperación. Como causas se señalan la crisis económica mundial, la caída de las exportaciones a Estados Unidos, el conflicto con Venezuela y la baja en los ingresos procedentes de remesas del exterior, entre otras. Otros buscan señalar a los responsables: la Junta Directiva del Banco de la República por sólo combatir la inflación y desatenderse del empleo; el salario mínimo y los parafiscales porque encarecen la mano de obra o incluso la Constitución misma por ser muy generosa en derechos. Pero el problema del desempleo no es coyuntural. Es estructural. No contamos con adecuadas políticas públicas para generar más y mejor empleo. Tampoco con instituciones adecuadas ni verdadero interés. No es sino analizar el pobre plan estratégico 2007-2010 del Minprotección en materia de “mercado laboral”. Ni las ventajas otorgadas a bancos y constructores, ni el famoso Plan Vial 2500, pudieron atajar la caída en la oferta de trabajo. El gobierno Uribe se ha dedicado a vender los activos del país, a reducir y desmantelar el Estado y a entregar los recursos mineros y petroleros a los particulares. Por fortuna cayó en tierra de nadie la propuesta de seguir vendiendo a Ecopetrol para financiar un régimen que hace agua por todas partes. No es sino imaginarse el futuro del comercio con América Latina por cuatro años más de conflictivas relaciones con los vecinos.

Al ministro responsable de la desprotección social, el mismo de la yidispolítica y gestor de la emergencia social para enmendar su incompetencia en la dirección de la salud, habría que preguntarle cómo pretende enfrentar la realidad del desempleo propia de las sociedades postsalariales. Y es que en la actualidad el trabajo asalariado se ha convertido en un privilegio de pocos. Cuando lo hay, es flexible y precario. Los sistemas de protección social, la salud y las pensiones, diseñados a partir de la relación laboral, requieren ahora ser estructurados sobre otras bases. No en vano la propuesta de un ingreso básico universal para todos los ciudadanos ha crecido como espuma y es discutida a lo largo y ancho del globo. Los interesados pueden consultar en http://www.basicincome.org o www.redrentabasica.org.

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Del lado de los industriales y empresarios tampoco parecen venir propuestas innovadoras y realistas para la generación de empleo. Recordemos que fueron ellos quienes impulsaron la ley laboral que eliminó el pago de horas extras, domingos y festivos, a cambio de la promesa de crear más puestos de trabajo que luego incumplieron. En este sector también el país necesita una renovación generacional, con dirigentes que crean en la posibilidad de conciliar el crecimiento y la solidaridad.

Es hora de identificar a los responsables políticos del desastre social, de reemplazarlos y de formular y ejecutar políticas públicas para la generación y el mejoramiento del empleo. Como en el caso de la justicia, el país carece del ministerio necesario para enfrentar el grave problema y creciente desafío del desempleo. Es imperioso recrear y fortalecer el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. El país ahorró donde no tocaba al desestimar la justicia y el empleo. La falta de visión social e internacional del Gobierno ha generado desempleo, pobreza y desigualdad. Crecen las voces que exigen un cambio. Puede que se conviertan en votos.

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