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Oportunismo y aprendizaje político

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Rodolfo Arango
13 de mayo de 2010 - 05:20 a. m.
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POBRE RELIGIÓN. TAN MANOSEADA por los candidatos.

Santos se va a rezar con Angelino al Niño Jesús de Buga. Mockus se confiesa públicamente católico pese a su agnosticismo. Ambos candidatos caen en la malsana costumbre practicada por el presidente Uribe de usar la religión con fines políticos. En su oportunismo por no perder votos en un país mayoritariamente católico, los candidatos muestran poco conocimiento de la religión y menosprecio hacia las creencias de los creyentes. El ejercicio de las funciones públicas depende de la formación, capacidad y probidad de las personas, no de sus creencias o prácticas religiosas.

El país habrá avanzado cuando un agnóstico o un ateo, respetuoso de las creencias de los otros, llegue a la Presidencia de la República. Colombia no es un Estado confesional. Es un Estado laico. Las creencias religiosas deben pertenecer al ámbito privado de la persona o de la comunidad particular. Que la mayoría del pueblo colombiano sea católico no justifica irrespetar a los no católicos. Quien hace énfasis en la religión al ejercer el servicio público o al desempeñarse en el rol de candidato explota consciente o inconscientemente a su favor las creencias más profundas de los electores.

La religión es algo tan serio e importante para los creyentes que no es aceptable su manipulación por políticos o funcionarios. El Procurador puede celebrar tantas misas quiera en su vida privada, pero comete un despropósito al escenificar ceremonias religiosas en uso de su investidura. El deterioro de las instituciones públicas ha sido grave luego de ocho años de ventajismo, mojigatería e hipocresía. Los jóvenes pueden impedir con su voto que la abolición del pluralismo y de la diversidad continúe a manos de expertos manipuladores de la psicología colectiva.

Cosa distinta es la identificación de los partidos políticos con creencias religiosas o ideológicas. Un Partido Conservador ajeno a la tradición religiosa en su doctrina y comportamiento interno es una contradicción en los términos. También lo sería un Partido Liberal intolerante con el librepensamiento o enemigo de la transformación social. En su claridad conceptual los partidos tradicionales en Colombia son confiables, lo que no sucede con el Partido de la U o con el Partido Verde debido a su corta existencia y a su indefinición ideológica. Paradójicamente la opacidad de sus planteamientos le permite a Santos y a Mockus pescar en río revuelto. Hacen de Uribe un Mesías al que siguen acríticamente. Mientras el primero lo instrumentaliza con engañosas cuñas radiales que imitan su voz invitando a votar por Santos, el segundo lanza ataques oportunistas a la izquierda para no espantar los votos uribistas.

El aprendizaje democrático es lento. Por ahora sólo balbuceamos. Salidos del estado de naturaleza, donde el poder militar y el económico dominan, podemos construir una cultura política respetable. El patriotismo constitucional norteamericano o la laicidad centroeuropea son buenos ejemplos de apertura y madurez políticas. Cuando estos avances culturales se alcanzan, la controversia se traslada de la discusión pública sobre las personas o los individuos —conversación propia de esclavos— al debate de las ideas que caracteriza a una sociedad de ciudadanos y ciudadanas libres e iguales.

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