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Los clichés de la retórica reaccionaria

Rodrigo Lara

01 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

Desde que el presidente Santos anunció la construcción de cien mil viviendas gratis para los más necesitados, me llama la atención la monotemática crítica que ha despertado esta política progresista en algunos círculos de opinión: que se trata de una medida populista —es decir irresponsable— y efectista.

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Un discurso descalificativo de la nueva política de vivienda y de paso del Gobierno, que pretende sugerir que quienes lo alegan disponen de argumentos sólidos y objetivos fundados en un conocimiento profundo.

Sin embargo, si miramos con detenimiento, nos encontramos más ante un discurso que ante un catálogo serio de argumentos. Albert Hirschman, en su libro sobre la retórica del pensamiento conservador y neoconservador —Retóricas de la intransigencia— identifica tres tipos de falsos argumentos que utiliza el discurso reaccionario frente a los cambios progresistas: la perversidad, la futilidad y el riesgo. De tal forma que todo cambio social sólo sirve para producir un efecto perverso al exacerbar la condición que desea remediar (perversidad); toda reforma de fondo es una entelequia racional, inútil porque la sociedad y la economía se rigen por leyes naturales (futilidad); o el costo de todo cambio o reforma es demasiado alto porque pone en peligro algún logro previo y apreciado (riesgo).

El ‘riesgo’ y la ‘perversidad’ conforman el convulsivo discurso con el que se descalifica la nueva política de vivienda. Los opositores sugieren que regalar casas terminará multiplicando la miseria porque “es una medida improvisada que terminará en politiquería”, que “erosiona la cultura del trabajo” e “invita al uso del regalito presidencial”. En esta misma línea de efectos indeseables —perversos— algunos con ridículo alarmismo señalan las consecuencias de un asistencialismo que “regala sin enseñar a pescar”.

Detrás de la crítica de algunos al ‘populismo’ de la política de vivienda, esperaríamos encontrar argumentos sólidos, propios de pensadores profundos; no obstante, nos topamos con argumentos bastante endebles y reiterados o clichés llenos de obviedades. Hirschman pone al descubierto una retórica simplista, injustificada a la vista de los resultados históricos de las grandes reformas sociales, cuyo único hilo conductor es asumir que toda propuesta de cambio termina por destruir algún estado de cosas o agravando una situación.

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A la vista de los exitosos resultados de políticas de vivienda gratis en Brasil y en la Europa occidental de los años cincuenta, la retórica de descalificación de la política de vivienda es más una lógica discursiva que argumentativa.

No recuerdo a ninguno de estos profundos opositores indignarse con la entrega de dinero en efectivo que hace el programa Familias en Acción, que tanto le gustaba al gobierno anterior. Entregar dinero ayuda a mitigar el hambre; entregar un título de propiedad le permitirá a los más pobres —en términos del reconocido economista Hernando de Soto— crear capital gracias a ese ingenio y recursividad que les ha permitido sobrevivir sin que nadie les enseñe a pescar.

@rodrigo_lara_

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