12 Jun 2022 - 5:30 a. m.

Apoyo no pétreo a Petro (II)

Desarrollo en esta columna la tercera razón por la cual considero que Francia y Petro son la mejor opción electoral en esta segunda vuelta: los riesgos de ruptura democrática.

No creo que ni Hernández ni Petro quieran una dictadura. No tienen esa mentalidad. Sin embargo ambos, por su talante populista y por algunas de sus propuestas, representan riesgos para el Estado de derecho, pero éstos son mayores con Hernández, al menos por estos cinco factores.

Primero por su trayectoria de respeto a las reglas como servidores públicos. Petro lleva 30 años en la política, casi todos como servidor público, y no tiene ninguna sanción disciplinaria ni ninguna acusación penal. Hernández lleva pocos años de vida pública, pero ha acumulado al menos cuatro sanciones disciplinarias, varias por faltas graves, y enfrenta un proceso penal en fase de juicio por un caso gravísimo de corrupción.

Segundo por sus actitudes y expresiones. Menciono un solo hecho. El audio en que el alcalde Hernández presiona a una subalterna para que haga algo, pero ésta se niega diciendo que eso es ilegal. Hernández le grita que se “limpia el culo con esa ley” y que la va a despedir. Es gravísimo pues Hernández insulta y amenaza para forzar una ilegalidad. No conozco comportamientos semejantes de Petro.

Tercero por su gusto por los poderes de emergencia. Ambos lo tienen, pero es más grave el de Hernández. Petro planteó que, para enfrentar el hambre, decretaría el “estado de emergencia”, que le permite legislar por decreto. Critiqué esa propuesta por inconstitucional y autoritaria. Pero Hernández va más lejos pues plantea decretar la “Conmoción Interior” para erradicar la corrupción, lo cual es mucho más autoritario ya que ésta no sólo permite legislar por decreto sino también restringir severamente las libertades De pronto Hernández está inspirado por ese tipo de medidas de su admirado Bukele en El Salvador.

Cuarto por las propuestas de Hernández, que muestran débil conocimiento constitucional o una voluntad de moldear las instituciones según su pura voluntad. Señalo dos, pero hay más de ese talante en su programa. Dice que para modernizar el Estado “expedirá una directiva presidencial en que se exija a todas las entidades territoriales tener una jefatura de planeación”. ¿O sea que va a modificar el ordenamiento territorial a punta de directivas? Dice también que hay que “transformar completamente el aparato de justicia de arriba abajo en una acción tan profunda que incluya una reforma constitucional”. Obviamente la justicia requiere reformas, pero este tipo de propuestas tremendistas son las que permitieron al chavismo cooptar el aparato judicial, que fue un paso clave en la destrucción de la democracia en ese país.

Disiento de varias propuestas de Petro, pero no encuentro estos descalabros institucionales del programa de Hernández.

Quinto por sus posibilidades de gobernar respetando la separación de poderes. Petro tiene una presencia importante en el Congreso, con lo cual podría construir una coalición para implementar su programa. No es fácil pero es posible. Pero Hernández no tiene ninguna fuerza política. ¿Cómo va a aprobar sus reformas? Los riesgos de que Hernández, con su carácter volado, recurra entonces a una salida autoritaria a lo Fujimori no son menores.

No minimizo los riesgos del caudillismo de Petro y lamento algunas estrategias sucias de su campaña, en especial contra los candidatos de centro, como lo expresé en varios trinos. Así no se construye una Colombia decente. Pero reitero la conclusión de mi anterior columna: una presidencia de Petro genera preocupaciones, pero una de Hernández es un salto mortal al vacío.

***

Aclaro que, como la anterior, esta columna es personal y no compromete a Dejusticia.

* Profesor de la Universidad Nacional.

Síguenos en Google Noticias