Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Abelardo de la Espriella (ADLE) se ha presentado como el gran defensor de la Constitución. En su programa adhiere al “patriotismo constitucional”, expresa “lealtad con la Constitución” y rechaza cualquier Constituyente. Estas declaraciones, junto al temor al proyecto constituyente de Petro, le han permitido ganar apoyos. Sin embargo, ¿son creíbles esas profesiones de fe constitucional de ADLE? No lo creo: sus planteamientos contradicen su supuesta lealtad con la Constitución.
Muchas de las propuestas de ADLE son claramente inconstitucionales. Me concentro en tres: ha dicho que piensa i) sacar a Colombia no sólo del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, sino también ii) de la ONU y de la OEA; ha dicho igualmente que iii) dolarizaría la economía, aunque después se echó un poco para atrás, lo cual muestra la poca seriedad de sus planteamientos.
Ahora bien, estas tres propuestas requieren reformas constitucionales: los tratados de derechos humanos hacen parte del bloque de constitucionalidad, por lo que el presidente no puede salirse de ellos unilateralmente. El abandono de la ONU y de la OEA viola principios de derecho internacional constitucionalizados por el artículo 9 de la Carta. La política monetaria es una prerrogativa constitucional del Banco de la República, que le sería arrebatada por la dolarización.
Pero la cosa es aún más grave: fuera de su obvia inconveniencia, estas tres propuestas desconocen pilares esenciales de nuestra Constitución, que son la soberanía monetaria y la adhesión de Colombia a los tratados de derechos humanos y al multilateralismo. Para adoptar esas propuestas no basta entonces una reforma constitucional, sino que sería necesaria una Constituyente, conforme a la doctrina de la Corte de que los pilares esenciales de nuestra Constitución sólo pueden sustituirse por medio de una Constituyente. ¿En qué queda entonces la proclamada lealtad de ADLE a la Constitución y su rechazo a una constituyente?
Hay más propuestas que pueden implicar también violaciones a la Constitución, dependiendo de su alcance, que ADLE no ha precisado pues su programa de gobierno, originalmente de tres páginas, es extremadamente vago. Señalo dos: i) la drástica reducción del Estado podría conllevar la supresión o la ruina de instituciones con respaldo constitucional o la afectación de derechos constitucionales por falta de recursos para protegerlos; ii) la construcción de megacárceles, que al parecer es para implementar el modelo Bukele, a quien ADLE ha dicho que admira aunque le parece “muy blandito”, implicaría violaciones de la libertad personal y del debido proceso.
A todo eso sumemos las declaraciones agresivas del candidato, como cuando dijo que iba a “destripar a la izquierda”, en un país que conoció el genocidio de un partido de izquierda. O su petición a Estados Unidos (al cual juró lealtad al adoptar su nacionalidad) de que investigue y sancione a sus rivales políticos por supuestos delitos, en vez de someter esos casos a la justicia colombiana. ¿En qué queda su “patriotismo constitucional” si no adhiere a valores constitucionales y parece más subordinado a otra patria?
ADLE no es entonces un tigre que protegerá valientemente la Constitución, sino que parece ser una fiera astuta que la acecha para atacarla, mientras dice que la defiende. Claro que algunos dirán que Cepeda es igual o aún peor porque sólo a última hora abandonó la propuesta constituyente de Petro. Ahí tienen un punto válido, porque esa propuesta, como he mostrado en varias columnas previas, era improvisada, inconveniente y riesgosa, y Cepeda debió haberla rechazado desde el inicio. A pesar de ese claro error político, no creo que Cepeda represente para nada, ni por su trayectoria, ni por su talante, ni por sus propuestas, una amenaza a nuestra Constitución equivalente a la planteada por ADLE, como lo explicaré en próximos escritos.
P. D. Aclaro que esta posición es puramente personal y no representa ni compromete a Dejusticia, cuyos integrantes tienen posiciones políticas diversas.
