La elección del domingo pasado mostró y dejó a un país totalmente dividido y polarizado. Y en dos semanas debemos votar entre dos opciones radicalmente opuestas: una elección decisiva. Explico entonces mi opción en esta segunda vuelta, esencialmente por transparencia con los lectores: para que sepan desde qué lugar hablo en estos temas.
En primera vuelta uno vota por la mejor opción. Yo lo hice por Claudia López porque creo que sería una buena gobernante y coincidimos en visiones de izquierda moderada. El voto en segunda vuelta es distinto. Uno escoge evaluando las potenciales consecuencias entre tres opciones limitadas: blanco, Cepeda o ADLE.
El voto en blanco es legítimo si el ciudadano considera que todas las opciones son igualmente desastrosas y quiere entonces que quede registrado su rechazo a todos los candidatos. Pero si uno considera que las dos opciones no son iguales, sino que una es mejor que la otra, o al menos, menos mala, nuestro deber ciudadano es escogerla. Así lo hizo, por ejemplo, la izquierda francesa en 2002: la segunda vuelta enfrentaba a una derecha republicana (Jacques Chirac) contra la extrema derecha antidemocrática (Jean-Marie Le Pen). A pesar de sus profundas diferencias con Chirac, la izquierda votó por él porque tenía claro que había que cerrarle el paso a la amenaza a la democracia, que era Le Pen. Chirac ganó masivamente.
Explico entonces por qué pienso votar por Cepeda, sin gran entusiasmo, pero con clara convicción. Aclaro el alcance de esos dos calificativos aparentemente contradictorios.
Yo he compartido los propósitos de cambio de Petro y he apoyado varias de sus políticas, como las reformas agraria y pensional; pero he sido crítico de otras, como la Paz Total, y me he opuesto a su propuesta de constituyente. He rechazado sus ilegalidades, como el decretazo, su intervención en política y sus declaraciones, sin fundamento, sobre fraude en esta primera vuelta. Como lo dije alguna vez, no soy un petrista sino un “petriste”, y por eso no he tenido entusiasmo por la candidatura de Cepeda: creo que no ha planteado los correctivos necesarios frente a los descarríos de Petro. Sin embargo, a pesar de este desencanto con el gobierno de Petro, voto con convicción por Cepeda en segunda vuelta: es claramente una mejor opción frente a una alternativa terriblemente riesgosa para nuestra democracia, que es ADLE.
No creo, contrario a lo dicho por algunos analistas, que Cepeda y ADLE sean dos extremos igualmente peligrosos. La diferencia decisiva es que Cepeda representa, tanto por su trayectoria pública de respeto a la institucionalidad democrática como por sus posiciones, una izquierda que a algunos puede parecerles dura, pero que es claramente democrática y republicana. Y que además dista de ser comunista. En cambio, creo que ADLE representa una derecha extrema, con riesgos enormes para la democracia: sus declaraciones de que combatirá el crimen y respetará la legalidad y el orden constitucional son poco creíbles, por sus relaciones oscuras con criminales como Alex Saab (entre otros) y por sus muchas propuestas inconstitucionales: ¿qué respeto a la Constitución y a los derechos humanos puede esperarse de quien plantea retirar a Colombia de la ONU y de la OEA, cuando ese retiro supondría una reforma constitucional y probablemente una constituyente?
Como lo sustentaré más en detalle en los próximos días, las trayectorias y posiciones de ambos candidatos frente a la democracia constitucional, que es el valor esencial que está en juego en esta elección, son las que definen mi opción por Cepeda, de quien no dudo de sus compromisos democráticos. Y, además, tengo la esperanza de que, por su talante, haría un gobierno de izquierda, pero de mayor consenso y sin los escándalos ni las estigmatizaciones del presidente Petro.
P. D. Aclaro que esta posición es puramente personal y no representa ni compromete a Dejusticia, cuyos integrantes tienen posiciones políticas diversas.