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Nuestra “Divina comedia” constitucional

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Rodrigo Uprimny
12 de julio de 2026 - 05:07 a. m.
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Esta semana fue paradójica para nuestra Constitución: debe sentirse en el paraíso por los enormes elogios que recibió de parte de las estrellas mundiales del derecho constitucional, pero debe estar devastada y sentir que está en el purgatorio, o incluso camino al infierno, porque está enfrentando una de sus peores crisis al cumplir 35 años, que era precisamente la edad que tenía Dante al empezar su periplo por el infierno, el purgatorio y el paraíso. Describo entonces, pero en un orden diverso al del poeta florentino, nuestra Divina comedia constitucional.

El paraíso para nuestra Constitución ocurrió en el Congreso Mundial de Derecho Constitucional, que son reuniones convocadas aproximadamente cada cuatro años por la Asociación Internacional de Derecho Constitucional, una organización académica que reúne a los principales constitucionalistas de todo el planeta. Ha habido congresos en lugares tan diversos como París, Tokio, Atenas, Varsovia, México, Seúl o Johannesburgo. Este año le correspondió el turno a Bogotá y el congreso fue realizado impecablemente esta semana por la Universidad Externado y participaron (sin exagerar) miles de personas, la mayoría colombianas y de nuestras Américas, pero también vinieron constitucionalistas de los otros continentes.

El tema articulador de este maravilloso congreso fue la idea de “constitucionalismo sostenible”, que evoca la necesidad de que los ordenamientos jurídicos sean capaces de enfrentar nuestros desafíos ambientales, como el cambio climático; pero este concepto es más rico ya que invita también a pensar en la sostenibilidad misma del constitucionalismo, como técnica jurídica para evitar la arbitrariedad, garantizar los derechos y proteger la democracia, en este dificilísimo momento de declive democrático que estamos viviendo.

A pesar de la diversidad de posiciones entre los asistentes, sin embargo, hubo un consenso claro: un elogio muy fuerte a la Constitución de 1991. Los expertos internacionales resaltaron que Colombia no sólo ha logrado innovaciones jurisprudenciales valoradas en el mundo entero, sino que, además, elogiaron la capacidad de esta constitución para ser un marco jurídico que le ha permitido a nuestro país enfrentar desafíos monumentales, como lograr la paz con las ex-FARC.

El purgatorio o el posible descenso al infierno para nuestra constitución es que en estos mismos días estamos viviendo la peor crisis constitucional de estos 35 años. No digo que sea el momento más duro para Colombia, pues ha habido otros más terribles por las violencias que los han acompañado. Sin embargo, este enfrentamiento entre el presidente en ejercicio, el electo y el candidato derrotado está tensionando nuestra constitución a niveles muy peligrosos. Las afirmaciones de un supuesto fraude por Petro para desconocer la elección de ADLE son inaceptables y peligrosas pues al presidente, que no es autoridad electoral, no le corresponde definir quién ganó o no la elección. Los puntos que le plantea Cepeda a ADLE, como la renuncia a su nacionalidad estadounidense, son razonables, pero ligarlos a una desobediencia civil, que no ha aclarado en qué consiste, es también inaceptable: tensiona aún más una situación política tóxica. La decisión de ADLE de suspender el empalme y las declaraciones de sus cercanos, como Lucio, de amenazar con juicios o extradiciones a Petro, como si ellos fueran autoridades judiciales, envenenan aún más el ambiente. Pude entonces pecar de ingenuo en mi columna hace dos semanas al prever que habría una alternancia tranquila.

El interrogante, usando alegóricamente a Dante, es si esta crisis representa un descenso al infierno constitucional o un paso difícil por el purgatorio. La respuesta dependerá de la lucidez y grandeza que demuestren nuestros líderes, y en especial Petro, ADLE y Cepeda, quienes deberían recuperar el espíritu de la Constitución de 1991: tienen que anteponer el interés nacional y lograr los acuerdos básicos que permitan una alternancia democrática serena.

* Investigador de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

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