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7 Aug 2022 - 5:30 a. m.

Petro, progresismo y Estado de derecho

Hoy es y debe ser un día de esperanza y celebración para todos los demócratas en Colombia por la posesión de Gustavo Petro y Francia Márquez, a pesar de la dificilísima coyuntura y los enormes retos que enfrentará el nuevo gobierno.

Los desafíos son monumentales. Sólo menciono uno: el gobierno hereda una de las peores situaciones macroeconómicas de las últimas décadas. El déficit fiscal y el de cuenta corriente así como la deuda externa son altísimos; la inflación es también fuerte. Esto, en la ortodoxia económica, debería llevar a un ajuste fiscal doloroso con reducción del crecimiento. Sin embargo, esa “solución” es socialmente imposible, por las demandas de igualdad y reducción de la pobreza expresadas en el estallido social y que por ahora han sido canalizadas con la elección de Petro y Francia. Afortunadamente ese dilema tiene solución y el gobierno la tiene clara: aprobar la reforma tributaria estructural que Colombia requiere y ha aplazado. De esta manera lograríamos un sistema tributario más simple, eficiente y realmente progresivo, en que la evasión pueda ser reducida y las personas de altos ingresos paguen tarifas efectivas mayores: así el gobierno contaría con los dineros que requiere para la transformación social, sin poner en riesgo la estabilidad macroeconómica y sin que los nuevos impuestos recaigan sobre la clase media o los sectores populares. Pero esa reforma tributaria no será fácil de lograr, pues implica eliminar privilegios tributarios de sectores poderosos.

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