7 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Soberanías en vilo y democracia constitucional

El pasado jueves y viernes, las universidades de Antioquia y EAFIT realizaron en Medellín el encuentro colombiano de derecho público ICON-S, que no es un nuevo grupo político o armado sino la sigla en inglés de la más importante asociación mundial de derecho público. Fue un evento maravilloso, con unos 100 paneles y la participación activa, virtual o presencial, de unos 500 profesores e investigadores de unas 50 universidades. La mayoría de los participantes y asistentes (unos 1.000) eran muy jóvenes, lo cual da optimismo sobre la adhesión de la juventud a la democracia constitucional y la calidad creciente de nuestras reflexiones constitucionales, ambas fuertemente estimuladas por los 30 años de la Constitución de 1991.

Una de las plenarias fue en homenaje a la memoria de la gran profesora e investigadora paisa María Teresa Uribe, fallecida en 2019, quien desarrolló interpretaciones lúcidas de nuestra evolución política y de nuestras guerras.

La profesora Uribe no era abogada, pero a pesar de eso, o tal vez precisamente por eso, construyó conceptos e interpretaciones que la teoría constitucional colombiana debería tomar en serio. Por limitaciones de espacio me limito a uno de ellos: su concepto de soberanías en vilo.

Su tesis, compartida por otros historiadores y sociólogos lúcidos como Fernán González, Íngrid Bolívar y Daniel Pécaut, es que un análisis de larga duración de la elusiva construcción del Estado-nación en Colombia muestra que el Estado no ha logrado consolidar la soberanía, en términos de Hobbes, pues ni ha logrado imponerse coactivamente sobre actores que le disputan el monopolio de la fuerza, ni ha logrado tampoco conquistar la aceptación de la población. Ha tenido problemas tanto de eficacia como de legitimidad; su soberanía ha estado entonces siempre en vilo, lo cual ha generado “un estado de guerra prolongado e indeterminado”, en el cual ni el Estado ni los actores armados que le compiten “han logrado imponerse sobre los demás para terminar con la belicosidad social, fundar orden y derecho, mantener el monopolio de las armas e instaurar, por fin, alguna forma de soberanía”.

Esta tesis de la soberanía en vilo desafía el constitucionalismo democrático pues genera la tentación hobbesiana, según la cual el Estado debería primero imponer, a la fuerza y con procedimientos propios del absolutismo, la seguridad y la soberanía, y sólo después preocuparse de los derechos y las libertades. Esta tentación hobbesiana, que parece ser defendida por otros Uribes, no es la tesis de la profesora Uribe, quien explícitamente la rechazó y señaló que esas estrategias son hoy impracticables e indeseables pues la adhesión contemporánea a los derechos humanos hace inaceptables las construcciones de soberanía absolutistas fundadas “en el silencio, la invisibilidad y la impunidad con que actuaban los guerreros”.

Colombia enfrenta entonces, en el siglo XXI, no sólo los desafíos de esta centuria, como la globalización, la emergencia climática o los justos reclamos de derechos por poblaciones discriminadas, sino además clásicos problemas de construcción de soberanía, que otros Estados resolvieron hace décadas o siglos, pero sin que las fórmulas hobbesianas sean hoy admisibles ni deseables. Debemos lograr una soberanía sin absolutismo, al tiempo que enfrentamos los retos del siglo XXI. Tal es el tamaño del desafío que debe ser enfrentado por una teoría constitucional adecuada para Colombia. Por ello es tan importante que haya un diálogo genuinamente interdisciplinario entre el derecho, la historia y las ciencias sociales en Colombia. Y por ello la lectura de María Teresa Uribe sigue siendo hoy imprescindible, especialmente para los juristas.

* Investigador de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.

Temas relacionados

PolíticaColombiaHistoria
Comparte: