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Un terremoto en nuestras relaciones internacionales

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Rodrigo Uprimny
23 de agosto de 2026 - 05:07 a. m.
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Nuestra prioridad hoy debe ser apoyar eficazmente a las víctimas del terremoto. Sin embargo, el nuevo gobierno está debilitando la posibilidad de lograr unidad nacional en este esfuerzo humanitario porque nos está metiendo en otro cataclismo debido a las medidas apresuradas que está tomando en el campo de las relaciones internacionales, que tendrán consecuencias muy negativas si se mantienen. Nuestra solidaridad con las víctimas no debe sepultar nuestra necesaria vigilancia frente a los eventuales atropellos de las autoridades. Por eso en esta columna analizo la decisión del gobierno de reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán para mostrar que no es un tema de especialistas y de abogados: es un asunto que nos concierne a todos. Esa medida no sólo es inconstitucional y viola el derecho internacional, sino que rompe una tradición diplomática colombiana centenaria y resulta contraria a nuestros intereses estratégicos.

Los Altos del Golán es un territorio sirio que Israel ocupó militarmente en la llamada guerra de los Seis Días de 1967 y que luego anexó unilateralmente. El Consejo de Seguridad de la ONU, en varias resoluciones, pero en especial en la 497 de 1981, declaró que esa anexión “es nula y sin valor y no tiene efecto alguno desde el punto de vista del derecho internacional” por violar la prohibición de “adquisición de territorio por la fuerza”. El reconocimiento de la soberanía de Israel sobre ese territorio viola entonces el derecho internacional. Antes de Colombia, sólo Estados Unidos (durante el primer de gobierno de Trump) había tomado esa decisión. Tenemos el discutible mérito de ser los segundos.

Algunos lectores pensarán que esa violación de normas internacionales no sólo no es grave, sino que es buena para Colombia porque le permite alinearse con Estados Unidos. Pero no es así: la prohibición de adquisición de territorios por la fuerza, contenida en el artículo 2.4 de la Carta de la ONU, no es una bobada. Es esencial para intentar lograr la paz y la seguridad internacionales porque, si permitimos que los Estados puedan adquirir territorios por la fuerza, entonces las relaciones internacionales serían una guerra hobbesiana de todos contra todos, en la cual ganarían los más fuertes. Estados Unidos puede despreciar el derecho internacional porque tiene la fuerza para defenderse; nosotros no. Ese derecho es muchas veces nuestro único escudo frente a las grandes potencias.

Debido a esto, Colombia, al menos desde la pérdida de Panamá a inicios del siglo pasado, ha orientado sus relaciones exteriores por su adhesión al derecho internacional, y en especial a la prohibición de adquisición de territorios por la fuerza, como lo han mostrado diferentes doctrinantes, como Jesús María Yepes, mi abuelo. Eso lo está tirando por la borda el actual gobierno, con lo cual Colombia está perdiendo un activo que tenía en las relaciones internacionales, que era tener el prestigio de ser y aparecer como un Estado defensor del derecho internacional.

Este reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán es también inconstitucional, ya que el artículo 9 de nuestra Constitución establece que nuestras relaciones exteriores deben orientarse por los principios internacionales aceptados por Colombia.

Finalmente, este gobierno no necesitaba tomar esa decisión si quería fortalecer sus lazos con Estados Unidos o Israel, pues esos países no han exigido a nadie semejante acción. Fue entonces un regalo unilateral del actual gobierno a esas potencias, que no trae ventajas a Colombia, pero en cambio nos creó grandes enemistades en los países árabes y en el Oriente Medio, cuyas consecuencias pueden ser muy serias.

Reitero lo que dije en mi columna previa: debemos unirnos como nación a favor de las víctimas del terremoto, pero este tipo de decisiones inconsultas del gobierno ameritan un debate nacional.

* Investigador de Dejusticia y profesor Universidad Nacional.

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