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Arde Israel

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Salomón Kalmanovitz
16 de octubre de 2023 - 02:05 a. m.
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El virulento ataque de Hamás contra blancos civiles que acumulan más de 1.300 muertos en Israel puso en evidencia la vulnerabilidad del Estado judío frente a sus enemigos. Para un país de 10 millones de habitantes, esas muertes equivalen a 6.000 bajas en un país como Colombia. Los muertos palestinos suman más de 1.400 y los heridos son del orden de 6.000.

Hamás cuenta con el apoyo de Irán que lo financia y lo ha estado armando y entrenando desde hace varios años. La sevicia y crueldad con que asesinaron, violaron y torturaron a sus víctimas, mientras filmaban y posteaban sus horripilantes videos en las redes, es una medida de la descomposición que han alcanzado. Demuestran que no les importa la aprobación ni la simpatía del resto del mundo.

La pugna entre los partidos religiosos que sostienen el gobierno de Benjamín Netanyahu y el resto de los partidos laicos y liberales en Israel fue una de las causas de la negligencia frente a las amenazas externas, representadas por grupos islámicos radicales como Hamás en el sur y Hezbolá que reside en el Líbano. La incapacidad de los religiosos israelíes de entender y enfrentar estratégica y militarmente la compleja situación geopolítica de la región fue un factor debilitante que contribuyó al triunfo inicial de Hamás. Netanyahu ha probado ser un dirigente pernicioso y divisivo para el país, incluyendo en su gobierno a elementos fanáticos que pretenden acorralar y despojar a la población palestina de sus tierras y haberes, radicalizando a los afectados. Shlomo Ben-Ami, exministro de Relaciones Exteriores de Israel, afirma que el gobierno fanático de Netanyahu hizo inevitable el derramamiento de sangre al excluir cualquier proceso político en Palestina y enfatizar en forma provocativa que “el pueblo judío cuenta con el derecho inalienable a todas las partes de la tierra de Israel”. Para rematar, el primer ministro purgó a los generales más competentes del Ejército por no compartir su ideología extremista.

La respuesta israelí frente a la ofensiva de Hamás ha sido contundente, pero desastrosa para la población civil de Gaza. Israel les suspendió el suministro de agua y energía a los 2,3 millones de palestinos que habitan el estrecho corredor, como medida de presión para que el grupo insurgente negocie el retorno de los rehenes que tiene en su poder, 150 de los cuales han muerto más de 20 en los bombardeos. Israel ha ordenado el desalojo de más de un millón de personas de Gaza, quienes no tienen a dónde ir. Hasta ahora Israel ha podido dar de baja a dos comandantes del grupo insurgente, uno de los cuales fue un prisionero canjeado en pasados intercambios. También han muerto dos coroneles del Ejército israelí.

La postura de Gustavo Petro frente al conflicto ha sido de apoyo a Palestina, pero no ha sentado una posición frente a los asesinatos y las violaciones por parte de Hamás. Petro ha manifestado que las conductas de Israel frente a los palestinos equivalen a las de los nazis frente al holocausto de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual es una hipérbole perversa que nubla la realidad del conflicto y que coloca a Colombia en compañía de regímenes autocráticos, como la Rusia de Putin. Si bien Israel ha cometido abusos y está asediando militarmente a la población civil de Gaza, vulnerando sus derechos fundamentales, eso no justifica el silencio ni los eufemismos de la Cancillería colombiana frente a las acciones atroces de Hamás.

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