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Aumenta el desempleo

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Salomón Kalmanovitz
31 de agosto de 2008 - 10:36 p. m.
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EL AÑO PASADO LA ECONOMÍA CREció 8,2%, pero el desempleo descendió sólo un punto porcentual. En la primera mitad del 2008 la economía continuó creciendo al 4%, pero el desempleo perdió el punto ganado el año anterior. ¿Por qué será que el crecimiento económico colombiano es tan poco intensivo en empleo? ¿Será el resultado de la política monetaria? O  ¿serán otras las razones?

La primera reacción del presidente Uribe fue endilgarle la responsabilidad al sospechoso de siempre: el Banco de la República. Hay que decir que la cultura del chivo expiatorio es un progreso de la humanidad, pues desplazó el sacrificio humano de cientos de vírgenes y jóvenes inocentes. En este caso, no se martiriza a los codirectores en la picota pública con la esperanza de conjurar el desempleo que nos agobia, sino que sirven para que la opinión pública no se lo cobre al Gobierno.

El alza de la tasa de interés que decretó el Emisor el mes pasado la colocó a un nivel real de menos de 3 puntos (tasa del 10% contra la inflación del 7,2%). La cartera aumentaba en agosto al 17% anual, que es un crecimiento recio del crédito. Entonces el menor crecimiento de la economía no se debe a la política monetaria.

La ralentización se origina más bien en el contagio de condiciones recesivas internacionales, en la revaluación del peso, intensificada por la política fiscal deficitaria del Gobierno, en la inflación que resta demanda y en los cambios inesperados de la política comercial de Venezuela. El presupuesto de 2009 está totalmente desfinanciado, pero las intenciones de gasto que carga serían fatales para los equilibrios macroeconómicos del país: lo expone a una crisis financiera de grandes proporciones.

Pero volvamos a la pregunta inicial de por qué la acumulación de capital en Colombia es poco intensiva en empleo. En un programa radial al que asistí recientemente nos invitaron a un tinto y nos pasaron a una sala donde había dos máquinas dispensadoras, una de café y la otra de comidas rápidas. Pregunté: ¿y la de los tintos? Me contestaron que la despidieron porque las máquinas habían sido abaratadas por la revaluación y el Gobierno les había dado un descuento tributario del 40% sobre su valor. Los parafiscales, entre tanto, habían encarecido la nómina para pagar por la ineficiencia del Seguro Social, mientras que Sena, ICBF y cajas de compensación aumentaban 9% el valor de los salarios, ingresos destinados en su mayor parte al desperdicio burocrático público y privado. Así fue como acabaron con la de los tintos.

El Presidente, como mucha gente, no cree en las segundas consecuencias de las decisiones económicas. Es claro que las exenciones tributarias a las máquinas eran innecesarias pues estaba operando el incentivo de la revaluación. Lo que estimuló la política fue la substitución del trabajo por maquinaria, en una economía caracterizada por la sobreoferta de mano de obra. Se agravó así la informalidad, el desempleo y el subempleo en la que yace más de la mitad de la población colombiana. Una tercera consecuencia fue la de reducir el recaudo tributario cuando existe un enorme faltante en las arcas del Gobierno. Es que el palo estaba demasiado delgado para cucharas.

Las políticas del Gobierno que pretenden aumentar el empleo son inhumanas: la precariedad laboral a través de las “cooperativas” de trabajo, la reducción de los salarios bajos del personal que labora en la jornada nocturna, que fuera decretada contra natura a partir de las 10 p.m., y la hostilidad contra la dirigencia sindical. Con razón, la firma del TLC fue condicionada a la eliminación de estas excrecencias de la legislación laboral colombiana.

* Decano Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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