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5 Dec 2022 - 5:30 a. m.

Colombia y el petróleo

La economía mundial atraviesa un periodo de elevada incertidumbre, caracterizado por temores de una recesión generalizada y por una inflación alta y persistente, que dan lugar a mucha volatilidad en los mercados financieros y cambiarios. Para las economías más grandes de América Latina, incluyendo a Colombia, la inflación anual se situó este año en niveles excesivos.

En este ambiente de incertidumbre y de una política monetaria más restrictiva por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, el dólar se ha fortalecido frente a la mayoría de las monedas de países desarrollados y algunas monedas de emergentes. Existe un incremento de la demanda por activos refugio en dólares, pues estos generan una mayor rentabilidad.

La depreciación de algunas monedas de países emergentes, incluyendo el peso colombiano, se ha visto acentuada por las recientes caídas de los precios de bienes básicos de exportación, como petróleo y cobre. En 1° de diciembre el precio del barril de crudo fue poco más de US$82, comparado con US$120 en junio, pero aun así el peso se revaluaba y registraba una tasa de $4.757 por dólar el 2 de diciembre.

Los combustibles y productos de las industrias extractivas participan con 56 % del valor FOB total de las exportaciones colombianas, lo que nos coloca en un alto grado de dependencia de ese mercado internacional. Las exportaciones totales a septiembre alcanzaban un valor de US$43.830 millones, más que todo el año pasado, lo cual explica que la economía va a crecer por encima del 8 % este año y que el desempleo se haya devuelto a niveles de un dígito.

A pesar de este maná caído del cielo, la administración Petro se ha mostrado hostil a la explotación y exploración de petróleo, al afirmar el presidente que se trata de un “veneno”. La ministra de Minas, Irene Vélez, que antes había anunciado el fin de la exploración petrolera, proclamó que Ecopetrol y Petrobras habían descubierto grandes yacimientos de gas en el mar Caribe que nos harían autosuficientes por 15 años.

La ministra de Minas tuvo que aclarar que no es enemiga de la minería: “Se ha dicho que queremos acabar con toda la minería y eso es falso”. Nadie ha dicho eso, pero, aun así, no se entiende por qué Petro nombró a una ambientalista radical en tan vital y estratégica cartera. La ministra agregó que la transición energética va a ser “gradual, segura, responsable y en beneficio de todos”. Ojalá.

Entre tanto, las comisiones pertinentes de Senado y Cámara aprobaron el Presupuesto del Sistema General de Regalías que regirá para 2023 y 2024, por un monto de $31,3 billones que equivalen al 2,1% del PIB y que se distribuirán directamente a municipios y departamentos.

El ministro Ocampo aseguró que “estos recursos favorecerán la transición gradual y ordenada hacia la descarbonización de las economías regionales y la transformación productiva incluyente, sostenible e intensiva en generación de empleo que requiere el país”.

También se destinarán recursos a proyectos de ciencia, tecnología e innovación por $3 billones que complementan la mezquina suma de $400.000 millones que se destinaba en el presupuesto nacional. El ministro agregó que este presupuesto también “permitirá aumentar el gasto social en las regiones”, que tiene poco que ver con ciencia.

Pero la dicha es flor de un día. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) pronostica que el año entrante entraremos en un período de vacas flacas con un crecimiento de solo 1,2 %.

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