El PIB de 2025 creció un 2,6 % frente a 2024. Este es el mejor registro que tiene la administración Petro, aunque es mediocre. El crecimiento en 2023 fue negativo de -0,7 % y el de 2024 fue de solo 1,7 %. Para 2026, las proyecciones de Fedesarrollo son de crecer entre 2,3 y 2,7 %. El promedio del cuatrienio será de 1,5 %, suponiendo que se alcance el punto medio proyectado por Fedesarrollo para 2026. Se trata de una cifra bastante pobre frente al promedio de largo plazo para la economía colombiana, que rondaba el 4,5 % anual.
El Observatorio fiscal de la Universidad Javeriana establece que Colombia enfrenta un escenario deteriorado: “invierte menos y se financia en condiciones más costosas”, combinación que debilita la capacidad de crecimiento de largo plazo y aumenta las presiones sobre las finanzas públicas y el sector privado de pagar los intereses y la amortización de sus propias deudas.
La caída de la inversión en Colombia es preocupante: pasó de representar más del 23 % del PIB en 2015 a solo 15 % en 2025. Los empresarios están muy cautelosos sobre este gobierno y de la posibilidad de que haya continuismo. La consecuencia es que se compromete el crecimiento económico de largo plazo. No es un problema de América Latina: en contraste, Chile y Perú mantuvieron niveles de inversión más altos y estables durante el mismo período.
El riesgo país y el deterioro fiscal están encareciendo el financiamiento que se requiere. El informe del Observatorio fiscal también analizó el comportamiento del riesgo país a través del Emerging Market Bond Index (EMBI), indicador que mide la prima que exigen los inversionistas para prestarle dinero a economías emergentes y, según esta fuente, después de 2021 Colombia pasó a ser percibida como el país más riesgoso del grupo.
Esto implica que debemos pagar tasas de interés más altas para financiar tanto al sector público como al privado, al tiempo que este cambio refleja un deterioro de la confianza sobre la estabilidad macroeconómica y fiscal del país.
El documento aludido sostiene que no toda deuda genera la misma percepción entre inversionistas: es muy distinto endeudarse para ampliar infraestructura productiva que para cubrir gastos corrientes. En el primer caso, la deuda puede impulsar crecimiento futuro; en el segundo, aumenta la percepción de riesgo, de que el país no pueda pagarla.
Uno de los principales canales de deterioro identificados por el Observatorio Fiscal es el aumento del costo del servicio de la deuda pública: a medida que suben las tasas de interés exigidas al país, una mayor proporción del presupuesto debe destinarse a su pago, reduciendo espacio para la inversión productiva. El análisis revela que para 2027 el pago de intereses será el segundo rubro más alto del Presupuesto General de la Nación, únicamente por debajo de educación y por encima incluso del presupuesto de salud.
Por otra parte, el documento advierte que el deterioro de la inversión y el aumento del riesgo país ya están afectando el desempeño económico de Colombia frente a otros países latinoamericanos. Según el análisis, durante varios años la economía colombiana creció más rápido que Chile, Perú y Brasil, pero esa ventaja comenzó a desaparecer entre 2022 y 2025. Para el centro de análisis javeriano, la pérdida de dinamismo está relacionada con menores niveles de inversión y mayores costos de financiamiento, tanto para el Estado como para el sector privado.
El informe también explica que el aumento del riesgo país afecta no solo las cuentas públicas, sino que encarece el crédito para empresas y hogares. Tasas de interés más altas reducen la rentabilidad esperada de nuevos proyectos y desmotivan decisiones de inversión. El problema no es el Banco de la República, como aduce el ministro de Hacienda, sino el de un gobierno que gasta en exceso para perpetuarse y se endeuda carísimo para lograrlo. Esa onerosa deuda la pagaremos todos.