A punto de cumplir un año del mandato presidencial de Gustavo Petro, la economía colombiana exhibe una salud endeble. Un indicador clave es el fortalecimiento del peso frente al dólar —que se cotiza en $3.940, cuando hace un año se acercaba a los $5.000—, en lo que tiene que ver con el aumento del precio del petróleo, pero también con una corrección importante del déficit en cuenta corriente, de un excesivo -6,1 % del PIB en 2022 a uno más moderado de -4,2 %, según la proyección para finales de 2023. Ese fortalecimiento constituye un incentivo para importar más bienes y exportar menos.
Algo más preocupante es que el ajuste de la cuenta corriente refleja una reducción de la inversión que requiere importar maquinaria y equipos, pues implica que el crecimiento económico futuro se va a moderar aún más: la inversión es precisamente la que aumenta la capacidad productiva de la economía.
El problema no es solo de Colombia. Según el Banco de la República, “la actividad económica mundial está experimentando una desaceleración generalizada y más acentuada de lo previsto”. Se calcula que en 2023 el PIB mundial crecerá solo 1,3 %. Las cifras locales son igualmente mediocres, agravadas por el comportamiento del capital extranjero, que cayó un 11 % y cuya mayoría se dirigió a la explotación de hidrocarburos, lo que puede ser celebrado por los ambientalistas, pero empobrece a la población. El petróleo ha experimentado una corrección importante de su precio, de más de US$100 el barril hace un año a US$80 en la actualidad, y esa reducción afectará negativamente las cuentas del Gobierno.
En Estados Unidos el crecimiento ha sido bastante alto, llevó a que la inflación subyacente fuera del 4,8 % en junio y puso en alerta al Banco de la Reserva Federal, cuya meta es del 2 % al 4 %, de modo que no estará tranquilo hasta que la inflación se reduzca al 3 %. Por eso, el pasado miércoles subió sus tasas de interés en 25 puntos básicos, llevándolas a su nivel más alto en 22 años, y dejó la puerta abierta para más incrementos, que buscan afinar los esfuerzos para aplacar la inflación. La decisión fue unánime y la tasa de fondos federales quedó en un rango del 5,25 % al 5,5 %, la cifra más alta desde 2001. Es la decimoprimera subida desde marzo de 2022, cuando las tasas eran cercanas a cero.
En Colombia la inflación es un problema más serio que en Estados Unidos pues es del orden del 12 %, aunque se ha reducido dos puntos en lo que va del gobierno de Petro. Las tasas de interés reflejan la inflación y la política del banco central para combatirla; por eso, tenemos niveles bastante más altos que otras economías latinoamericanas, como las de Brasil, Perú, México y Chile, que contribuyen a explicar los bajos niveles de inversión señalados.
En su última reunión de junio, la Junta Directiva del Banco de la República mantuvo estable su tasa de política en el 13,25 % y así contribuye a frenar un crecimiento ya insuficiente. En efecto, el crecimiento económico colombiano se ha frenado: el Banco de la República espera que para 2023 esté cerca del 1,4 % y del 1,9 % en 2024, crecimientos bajos en comparación con el de largo plazo, que supera el 4 % anual. Los tiempos han cambiado tras la fuerte recuperación de la economía global después del choque provocado por el COVID-19, con endurecimientos generalizados de la política monetaria en el mundo que auguran deficientes tasas de crecimiento económico por doquier.