El crecimiento económico depende de la inversión, de aumentos de productividad, de incrementos en el acervo de capital o del mejor uso de los recursos productivos. La información aportada por las cuentas del producto del primer trimestre de 2023 para Colombia muestra un crecimiento del 3 %, pero también una preocupante contracción de la formación bruta de capital fijo (FBKF) de 9,5 %, tras una expansión del 17 % en el mismo trimestre del año pasado.
Es posible que las empresas se dotaron de suficientes equipos y maquinaria el año pasado y por ahora deben estar instalándolos y poniéndolos a prueba. En todo caso, se evidencia una desaceleración y se proyecta un crecimiento a fin de año de 1,5 %, según el Banco de la República.
La FBKF es el corazón de la inversión que requiere de mayor capital de trabajo constituido por las materias primas y los bienes intermedios, los cuales combinados explican el fundamento del crecimiento económico. La inversión alcanzó a ser 2 % del PIB en el primer trimestre de 2023, cuando por lo general ronda el doble de esa participación.
Durante el mismo período la agricultura creció solo 0,3 %; la industria, 0,7 % y la execrable minería, un 3,5 %. La construcción, que es intensiva en mano de obra, mostró una contracción de casi 3 %, mientras que las obras civiles, que son la base de la inversión pública, sufrieron una baja del 15 %. Es el momento de que el Gobierno ejecute obras públicas que compensen la debilidad de la inversión privada. ¿Será posible?
La mayor productividad se logra mediante mejoras en la educación y la destreza de los trabajadores, la aplicación de nuevas tecnologías que rindan más que las antiguas, así como también la organización y calidad de la administración que logren las empresas. La productividad se mide dividiendo el valor producido por el número de trabajadores requeridos para lograrlo, y mientras hay sectores que cuentan con una amplia dotación de maquinarias y equipos por trabajador, hay otros en los que no se potencia la mano de obra con el uso de máquinas y herramientas. En el caso colombiano, el 58 % de la fuerza laboral trabaja en el sector informal, en el que se paga por jornada sin contribuir a la seguridad social, apoyada por una escasa mecanización y por lo tanto obteniendo una baja productividad.
Las remesas de los emigrantes colombianos representaron el 2 % del PIB y contribuyen a mejorar la balanza cambiaria del país, pero reflejan una dura realidad: exportamos una parte del desempleo de gente joven que se arriesga a buscar trabajo en los Estados Unidos y en Europa, sacrifica su consumo y ahorra para apoyar el gasto de sus hogares en Colombia.
Desde el lado de la demanda, el consumo de los hogares aumentó un 3 %, pero el de bienes semidurables (ropa, zapatos, etc.) se contrajo 3 % y el de durables (electrodomésticos, bicicletas), más del 8 %. Eso muestra que a la mayor parte de la población no le alcanza su ingreso para satisfacer sus necesidades inmediatas y que en el pasado inmediato estuvieron mejor.
La inflación, entre tanto, se redujo levemente, pero sigue siendo elevada, de 12,4 %, y constituye un obstáculo para que el Banco de la República adopte políticas monetarias más laxas que aceleren el crecimiento económico. Una tasa de interés de 13 %, como la que cobra el banco central por la liquidez primaria que le suministra al sistema, seguirá siendo un freno al crecimiento en lo que resta del año.