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Desde que la Constitución de 1991 otorgó independencia al Banco de la República, nunca se había dado un conflicto tan desbordado con el gobierno como el que estamos presenciando. El problema se inició con la decisión del presidente de otorgar un incremento enorme del salario mínimo que tendría un impacto inflacionario ineludible. La única respuesta plausible del Emisor era desplegar la herramienta fundamental que tiene a su disposición: aumentar la tasa de interés con la que presta al sistema financiero en 2 %, para así moderar las expectativas inflacionarias desatadas por el irresponsable regalo de Petro.
La reacción del ministro de Hacienda ante la decisión mayoritaria de la Junta fue abandonarla para impedir que la medida entrara en efecto, mientras que el propio presidente se sumó al griterío histérico, tildando a una codirectora del banco que votó a favor de elevar la tasa de referencia de guerrillera del EPL, algo que no es solo falso, sino que pone en riesgo la integridad personal de la codirectora. Sucede que el presidente cree que las personas que él nombra en altos cargos le deben pleitesía y agradecimiento por lo cual deben apoyarlo siempre. Villar le reclamó al presidente que dejara de estigmatizar a los miembros de la Junta.
El ministro de Hacienda se manifestó en los siguientes términos: “doctor Villar, fui guerrillero y soy desmovilizado del M-19. Le pido que lo tenga presente, porque esto forma parte de la falta de comunicación en el Banco de la República”. Leonardo Villar es no solo economista sino un intelectual íntegro y prolífico, además de músico aficionado que interpreta la flauta barroca; creo que no tenía presente que el ministro pudiera estarlo amenazando.
Ante este conflicto Villar demandó prudencia: “Yo quiero pedir, señor ministro, al Gobierno Nacional, bajar los ánimos y bajar el lenguaje con el cual se está manejando la relación con el Banco de la República, y lo quiero pedir porque le conviene al país, le conviene frenar la campaña abierta de descrédito al Banco que está adelantando en este momento el Gobierno. Una campaña que perjudica, no al banco, porque tiene su credibilidad bastante sólida, sino que perjudica al país, porque la confianza internacional sí se deteriora cuando se insiste en atacar persistentemente al banco y de formas que degradan el debate”.
Desde tiempos de Laureano Gómez no se veía a un presidente recurrir al lenguaje del odio que está desplegando el presidente Petro, sobre todo contra las mujeres, reflejando su misoginia. Pareciera que tiene mal resuelto el complejo de Edipo.
La consecuencia del alza hiperbólica del salario mínimo concedida por Petro para apoyar a Iván Cepeda en las elecciones ya se está sintiendo: la inflación durante 2026 muestra señales de alta persistencia, con expectativas de que supere el 6 %. A marzo de 2026, la inflación anual se situó en 5,6 %, alejándose de la meta del Banco de la República que es de 3 %, lo que obliga a continuar con una política restrictiva que despierta la rabia del incontinente mandatario.
Si el Pacto Histórico repite mandato entre 2026 y 2030, es probable que continue resquebrajando las instituciones y que cohabite con la inflación que siempre resulta dolorosa para la sociedad y que castiga en especial a los más pobres.
