El 25 de enero de 1999 a la 1:19 de la tarde, un terremoto de intensidad 6,2 en la escala de Richter azotó a la ciudad de Armenia. Tuvo como epicentro el municipio de Córdoba en el departamento del Quindío, región de elevado riesgo sísmico debido a la convergencia de las placas Sudamericana, Nazca y del Caribe. El fenómeno se dio a una profundidad de 17 kilómetros y duró medio minuto, que fue suficiente para desatar un enorme caudal de destrucción.
El terremoto dejó un total oficial de 1.185 personas muertas y más de 8.500 heridos, según datos consolidados por el DANE y el Servicio Geológico Colombiano. Tuvo un gran impacto en Armenia y sus municipios vecinos, así como en pueblos de Risaralda y el Quindío, aunque de menor intensidad que en Armenia. La zona quedó sumida en el caos durante varias semanas.
La historia se repitió el pasado 10 de agosto: un nuevo evento sísmico de gran magnitud que se dio a las 7:34 de la mañana durante dos minutos y registró una intensidad de 7,4 en la escala Richter, bastante más intenso que el registrado 27 años atrás. Sin embargo, la profundidad que mostró este sismo fue de 103 kilómetros, seis veces más hondo que el terremoto de 1999. Quizás por esta razón, el número de víctimas de 2026 puede resultar menor que el causado hace 27 años; al 14 de agosto, se contabilizaban 273 muertos y 379 desaparecidos, algunos refugiados en otras poblaciones, pero otros estarían heridos o muertos entre los escombros.
En el puerto de Buenaventura, que cuenta con unos 318.000 habitantes, “son los ciudadanos los que han liderado la búsqueda de los sobrevivientes entre los escombros y la atención de las víctimas. Sin electricidad ni agua, algunos denuncian que la respuesta gubernamental no ha tenido el mismo impacto y coordinación que en otras ciudades” según la cadena de televisión norteamericana CNN.
Cerca de 2.200 centros educativos se vieron severamente afectados, en el suroccidente del país, especialmente en el departamento del Chocó con 800 escuelas, que de por sí cuenta con las infraestructuras más endebles de la subregión. Mientras que en el departamento de Caldas quedaron afectados 400 centros educativos.
Es en estos momentos de crisis agudas causada por fenómenos naturales que resultan tan repudiables hechos de corrupción como los sucedidos con el saqueo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres durante la pasada administración. Si el terremoto hubiera ocurrido concomitantemente con el dolo a la entidad, el sufrimiento de las víctimas hubiera sido aún mayor que el causado por la sola naturaleza.
Es de destacar la inmediata presencia y el trabajo de orientación prestadas por el vicepresidente y por el primer mandatario en respuesta a la emergencia. Es también repudiable que el canciller haya rechazado la ayuda de países hermanos que ofrecieron grupos de rescate experimentados y reconocidos internacionalmente. Ellos hubieran aliviado a un mayor número de víctimas en menos tiempo.