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26 Jul 2021 - 3:00 a. m.

Economía y pandemia

Colombia completó 4,7 millones de casos de COVID-19, casi la décima parte de la población, registrando además 118.000 muertes. En abril de 2020 se decretó la primera cuarentena, cuando se registraban 3.000 casos diarios; en enero de 2021 se daban 15.000 casos; en junio, 30.000, para decrecer a 16.000 en julio. Esa mejora se debió a la vacunación, que cubrió al 21 % de la población del país, detrás de Chile y Uruguay, siendo el tercero de mejor desempeño en América Latina. No es mucho de lo que se pueda enorgullecer, porque el comportamiento del continente, incluyendo Estados Unidos, fue catastrófico.

Las pandemias son evitables o minimizables si se cuenta con instituciones que favorezcan las asociaciones comunitarias, la coordinación de las entidades públicas y privadas, el desarrollo de procesos de prevención y el refuerzo del sistema de salud. El Gobierno no estuvo a la altura para conjurar tantas amenazas a la salud pública. Según Mauricio Cárdenas, se perdieron 1,7 millones de empleos por el virus, 1,2 millones en desempleo abierto y 515.000 nuevas personas inactivas. Las mujeres fueron las más afectadas porque 1,2 millones perdieron su empleo. Hoy en día el país suma casi cuatro millones de desempleados, de estos casi dos millones son mujeres.

La economía colombiana se contrajo casi 7 % en 2020 y el desempleo rondó el 20 % de la fuerza de trabajo a finales de ese año. En junio de 2021 todavía marcaba 15 %, o sea 50 % más que el desempleo estructural que caracteriza a Colombia desde hace décadas. El último dato de crecimiento que se tiene fue el del primer trimestre de 2021, con un modesto 1 % del 2 % ajustado estacionalmente. Las políticas contracíclicas ayudaron, aunque pudieron hacer más: la política monetaria se expandió muy gradualmente y la junta del Emisor no quiso reducir la tasa de interés a cero, como hicieron los países más consecuentes en combatir la crisis; la política fiscal fue un poco más expansionista, pero tampoco lo suficiente, pues el déficit se amplió del 4 al 8 % del PIB a punta de endeudamiento, ya que la reforma tributaria de 2019 debilitó las finanzas del Gobierno, que no ha logrado hasta la fecha siquiera proponer una reforma tributaria que cierre el hueco fiscal así causado.

El crecimiento del segundo trimestre de este año debió ser afectado negativamente por el paro nacional que se inició el 28 de abril y se extendió por 48 días. El timorato Gobierno de Duque fue incapaz de negociar con los numerosos agentes del movimiento: no lo hizo con el Comité del Paro ni con la guardia indígena en el Cauca, prolongándolo innecesariamente hasta que desfalleció por inercia. Se recuerda cómo su mentor, Álvaro Uribe, negoció cara a cara con la minga indígena en el Palacio de Nariño en 2005 frente a una movilización regional, con lo cual obtuvo alguna paz social.

La reactivación del primer trimestre fue modesta: la economía creció 2 %, ajustada estacionalmente, y los pronósticos de Fedesarrollo están del 4,8 al 7,2 % para este año, o sea que en el mejor de los casos retornaremos al nivel de 2019. Es que después de un choque generado por una pandemia la economía tiende a rebotar por su propio impulso, aunque políticas públicas más agresivas hubieran acelerado la recuperación. Para rematar, la inflación alcanza 3,6 % en junio, por los desajustes logísticos y los bloqueos que se desataron gracias a las protestas que acompañaron el paro.

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