La política radical de Gustavo Petro, más vociferante que de realizaciones, generó su antítesis ¡Y de qué manera! Nos va a abrumar la versión local de Nayib Bukele en El Salvador durante los próximos cuatro años. Al igual que el presidente salvadoreño, Abelardo de la Espriella promete la construcción de cárceles de máxima seguridad para albergar a cientos de miles de criminales que andan sueltos por ahí.
El programa de De la Espriella en sus principales aspectos informa que 1. Va a convertir la elección en una decisión histórica de defensa nacional. 2. Levantar una mayoría moral y política para detener la captura del Estado y reconstruir la República. 3. Ejecutar una limpieza inmediata en las cabezas y órganos directivos de las instituciones públicas para erradicar cualquier filtro de narcotráfico, corrupción y mala gerencia. 4. Centrar nuestra mirada en los que NUNCA han sido vistos por el Estado y darles prioridad. El lema con que presenta su programa lo llama “Juntos construiremos una Patria Milagro nunca antes vista”.
De la patria amenazada por los facinerosos que se han tomado y desfalcado el Estado surgirá el milagro de una nueva patria. Repite la fórmula de auto-magnificencia de Donald Trump de que está haciendo algo nunca antes visto. Se proyecta ahora como el impoluto defensor de la pulcritud y la buena gerencia, aunque no tenga ninguna experiencia en la administración privada y menos en la pública.
Nótese que Abelardo utiliza un lenguaje castrense. Por eso habla de Defensa nacional, no de una patria para todos sino de una patria amenazada. El Estado ha sido capturado por los bandidos, la república destruida y se hace necesaria una limpieza de toda la burocracia estatal, infiltrada por el narcotráfico y la corrupción. Los puestos de trabajo liberados serán ocupados por “los que nunca“ tuvieron oportunidad de disfrutar de los gajes del Estado. Al mismo tiempo promete que despedirá al 40 % de la burocracia pública, desmantelar el Estado reduciéndolo en una cuarta parte y devolver impuestos que pagan las empresas y las familias más ricas del país.
Su argumento central: “La democracia sólo será posible si la Constitución vuelve a ser el límite del poder y el consenso central de la República, si obedecemos a la libertad y el orden que orienta nuestro propio escudo nacional”. La redacción es inexacta y refleja confusión: es incongruente obedecer “a la libertad y el orden”, quizás al orden sí, pero no a la libertad, mas sí obedecer las leyes que protegen la libertad.
Otra propuesta clave: “Luchar contra la pobreza es el primer objetivo, por eso vamos a matar el hambre con el Plan Cosecha Solidaria”. El hambre se sacia con ingresos suficientes para toda la población, aunque también con buenas cosechas que requieren de sistemas de riego para producir durante todo el año y financiamiento adecuado de las inversiones que deben hacer las empresas y los campesinos.
Por último, “Consolidar un ‘programa de ajuste fiscal’ que reduzca el tamaño del Estado hasta en una cuarta parte. Lograr en un corto plazo superávit fiscal primario (lo cual supone un ajuste inicial de unos $70 billones)”. Ese ajuste equivaldría al 13 % del presupuesto nacional de 2026, lo que implicaría que se reducirían los gastos en educación y salud, dejando desprotegidas a las poblaciones que tanto dependen de ellos.