Tras el estancamiento sufrido por la economía colombiana en 2023, la perspectiva que se abre para este año no es la mejor. El dato de la inflación anual en diciembre fue de 9,3 %, con una caída fuerte frente al año anterior pues en 2022 la inflación marcó 13,1 %. Si en diciembre del 2022 el alza de precios fue de 1,3 %, en el mismo mes de 2023 fue de solo 0,45 %, una tercera parte. Aunque los amantes de la estabilidad de precios pueden sentirse felices con el suceso, lo cierto es que refleja una caída fuerte de la demanda agregada en un mes que se caracteriza por una doble remuneración de la población asalariada y el impulso a gastar y regalar que provee la Navidad.
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Se puede conjeturar que la gente prefirió ahorrar algo más para enfrentar un futuro incierto, sintiéndose menos generosa, regalando menos a sus allegados y dejando insatisfechos algunos de sus deseos más ansiados. La tasa de desocupación marcó 9 % de la población activa en noviembre, una de las más bajas de los últimos años, pero la buena nueva no convenció para que aumentara el consumo de fin de año. La venta de vehículos nuevos cayó un estruendoso 29 % el año pasado, lo que tiene paralizadas a las ensambladoras y a los distribuidores llenos de existencias.
El gasto público a fines de octubre alcanzaba $305,4 billones —lo que equivale al 75,2 % del total del Presupuesto General de la Nación, estimado en $406 billones—, faltando solo dos meses para terminar el año, lo que hace dudar que se lograra ejecutar en su totalidad. Fue por eso que en el último consejo de ministros el presidente Petro dio la orden perentoria a sus funcionarios de gastar los recursos con los que contaban los ministerios y las otras agencias del Estado.
La autoridad monetaria, entre tanto, contemplaba impasible cómo la economía se desaceleraba en el segundo semestre del año y solo acertó a reducir su tasa de interés de 13,25 % a 13 %, sin considerar que una tasa real de interés de 3,7 % dificulta que las empresas y los individuos tomen prestado para invertir o para gastar en bienes durables. Al ritmo que va, le tomará a la Junta Directiva del Banco de la República unos 15 meses acercar la tasa de interés al nivel actual de inflación, y mucho más si, como se pronostica, esta alcanza menos del 6 % en el primer trimestre de 2024. El gradualismo es una mala política en momentos en que tanto la autoridad monetaria como el Gobierno deben impulsar con mucha fuerza tanto la inversión como el consumo para conjurar la recesión y el sufrimiento que ella nos causará a todos.
Las exportaciones registraban una caída del 14 % al 30 de noviembre, con las de combustibles contrayéndose un 20 %. Las importaciones caían al mismo tiempo más todavía, reflejando la contracción económica de los dos últimos trimestres del año. Se creó así un superávit comercial cuya consecuencia fue la revaluación del peso, con un dólar a $3.960 el 18 de enero, que desincentiva las exportaciones que tanto quería impulsar Petro.
Es desafortunado que los partidos de izquierda no cuenten con experiencia de gobierno ni con una burocracia calificada que atienda los frentes principales de la administración pública. A esta última le ha correspondido nombrar gente sin experiencia y en algunos casos sin calificación suficiente, por lo cual se han cometido errores. El más sonado, por ejemplo, es el de la Cancillería por las estupideces cometidas en un sencillo contrato para imprimir pasaportes que podría generar una pérdida de más $100.000 millones al erario.