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EL BANCO CENTRAL DE ECUADOR intentó mantener la liquidez de la economía y bajas tasas de interés en la crisis internacional de 1998, cuando se daba una fuga de capitales propios y extranjeros.
Con ello financió la compra de sus reservas internacionales por los que querían evadir el cataclismo que se venía. El estallido se produjo precisamente cuando se acabaron las reservas.
El sucre se devaluó entonces 600% y la inflación superó el 100%. Los depósitos del sistema financiero se licuaron, todas las deudas se evaporaron. Los pensionados quedaron arruinados y los asalariados perdieron la mitad de su poder adquisitivo. El sucre se fue a la caneca de la historia y la dolarización apareció como el camino más expedito para salvar la tendencia de los políticos de abusar de la emisión monetaria. La economía se contrajo 6%. Un par de presidentes fueron destituidos por el Congreso unicameral.
Por contraste, el Banco de la República apretó la liquidez para salvaguardar sus reservas internacionales. Las altas tasas de interés perjudicaron a todos los deudores, pero se garantizaron los depósitos de 15 millones de cuenta habientes del sistema financiero. Los salarios y pensiones reales aumentaron porque la inflación cayó abruptamente de 17 a 9%. La economía se contrajo 4,2%. El peso aguantó el embate, se devaluó lo necesario, pero no se perdió el control del tipo de cambio ni se cayó el presidente Pastrana.
Traigo a cuenta la comparación porque todavía se elevan las voces, incluso la de Juan Camilo Restrepo, Ministro de Hacienda de la administración Pastrana en el año 1998, que dicen que no se debió aumentar la tasa de interés en una situación de corrida de capitales. No sé si era posible un escenario intermedio entre Ecuador y Colombia; lo cierto es que una crisis financiera global produce enorme daño y la política monetaria no puede reducirlo sino de manera parcial.
También recupero el tema porque leí el articulado de la nueva Constitución ecuatoriana sobre el banco central, cuya función principal será “velar por la estabilidad de la moneda”. El directorio del banco de cinco miembros es nominado por el presidente y debe ser ratificado o vetado por el Congreso. Tiene un período de 6 años con renovación parcial cada 3 años. El ministro de Hacienda participa en las deliberaciones con voz, pero no tiene voto. Siendo el período presidencial de 4 años, la independencia del banco es aparentemente grande. Al banco le queda prohibido prestarle dinero al gobierno y al sector financiero, e incluso no puede comprar bonos del gobierno ni para hacer operaciones de mercado abierto, que son importantes para regular la liquidez.
El nuevo banco ecuatoriano termina siendo, al menos en la letra, más independiente que el colombiano, cuyo directorio de cinco miembros es nombrado por el presidente y no cuenta con la anuencia de un organismo de representación popular. Es presidido además por el Ministro de Hacienda. La reelección debilitó mucho su autonomía.
Algo que no cambia la nueva constitución ecuatoriana es el Congreso unicameral, que ha destituido varios presidentes. Con inestabilidad política, el Congreso se torna en el último reducto de poder; al no dividirlo, se pasó una oportunidad histórica. La revista el The Economist decía: “El banco central estará sometido al control presidencial, lo cual abona el terreno para el futuro abandono del dólar a favor de una nueva moneda local y para la capacidad de masajear las estadísticas económicas”. Como se ve, hay que leer siempre entre líneas.
* Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
