El banco central colombiano fue fundado en julio de 1923 tras la visita del académico norteamericano Edwin Kemmerer, quien asesoró a cinco gobiernos de la región para que organizaran sus respectivos bancos de emisión. Antes de eso, el país se desenvolvía dentro de un patrón oro en el que el equilibrio monetario dependía de la balanza externa del país, creando condiciones de excesos o faltantes de liquidez que impactaban positiva o negativamente la marcha de los negocios.
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En 1921 el Banco López, uno de los más importantes del país, comenzó a tener problemas de liquidez que se agravaron al afectar su solvencia y precipitaron su quiebra dos años después. El Banco de la República ocupó las oficinas del Banco López, en la calle Jiménez con carrera octava, y lo primero que hizo fue emitir suficiente dinero para que la crisis no se generalizara a todo el sistema financiero. El propietario del banco era Pedro Aquilino López, padre de Alfonso López Pumarejo y abuelo de Alfonso López Michelsen.
Kemmerer era de orientación conservadora y quería que el Gobierno no contara con el control de las decisiones del banco central, al que se le entregaron funciones de emisión y de prestamista de última instancia. Sin embargo, esta función no la utilizó para estabilizar al banco en problemas y permitió su quiebra y liquidación. El banco central contó con una Junta Directiva en la que predominaban banqueros privados y hombres de negocios, con una representación minoritaria del Gobierno.
En la crisis de los años 30 su Junta Directiva titubeó en enfrentar los problemas de iliquidez e insolvencia que apretaron al sistema financiero, pero terminó por implementar una política contracíclica de emisión suficiente para contener las corridas del sistema financiero y evitar que la depresión se acentuara. De hecho, las contracciones monetarias de 1930 y 1931 fueron moderadas y ya en 1932 la liquidez estaba restaurada y se pasó de una deflación de precios a una inflación moderada y restauradora de la confianza de los agentes en la salud del sistema. A partir de entonces, el Gobierno contó con mayoría en la administración del Emisor.
La inflación se mantuvo a niveles relativamente bajos desde los años 30 hasta los años 60, cuando se le sobreimpuso al gobierno corporativo del banco una junta monetaria en la que los ministros del gasto hacían mayoría. La consecuencia fue que la inflación superó el 20 % durante las siguientes tres décadas, con la excepción del cuatrienio de Carlos Lleras Restrepo que impuso cierta disciplina monetaria.
En los años 90 la inflación comenzó a superar el 30 % anual y fue a raíz de esta experiencia que en la reforma constitucional de 1991 se le otorgó independencia al Banco de la República, bajo una Junta Directiva con formación académica. La meta principal del banco central era obtener la estabilidad macroeconómica y en particular la estabilidad de precios. En 1995 se estableció el sistema de inflación objetivo, mediante el cual se trazaron metas de inflación que disminuían progresivamente el nivel de precios. Para ello fue necesario desarrollar e intervenir el mercado interbancario en el que se forma la tasa de interés, para obtener niveles de inflación similares a los internacionales.
El arreglo funcionó bastante bien y el país dejó de preocuparse por la inflación, que rondó el 4 % anual con excepción de coyunturas internacionales que incidieron para disparar la inflación, como la que se está viviendo en la actualidad.