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El crecimiento económico bajo Gustavo Petro

Salomón Kalmanovitz

25 de mayo de 2026 - 12:05 a. m.

El legado de Gustavo Petro para el desarrollo del país es pobre. El crecimiento en los cuatro años en que gobernó fue en promedio de solo 1,8 % anual. Fue superado incluso por Iván Duque, en cuyo período el crecimiento de la economía promedió un 3 % anual, período asolado por la pandemia del Covid-19. El trauma epidémico causó una contracción de -6,8 % a la economía en 2020, que fue compensado por un crecimiento del 10,6 % al año siguiente.

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El crecimiento económico de Colombia entre 2023 y 2026 ha mostrado una recuperación gradual tras la desaceleración provocada por la pandemia. El país pasó de crecer un 0,7 % en 2023 a cerrar 2024 con un 1,7 %. Las proyecciones y primeros datos indican un impulso superior, con cierres esperados del 2,6 % para 2025 y un dato preliminar de 2,2 % en el primer trimestre de 2026. Durante los primeros tres años del gobierno Petro, el crecimiento promedio anual fue de solo 1,7 %.

Un gobierno que se dice progresista suscita temor entre los empresarios: apaga los espíritus animales que incitan a asumir los riesgos de invertir. Tal decisión, a su vez, está animada por la expectativa de unas ganancias positivas que terminan por convencer al empresario de que vale la pena asumir el riesgo. Un presidente que se la pasa criticando a los capitalistas por su insaciable y pecaminosa sed de ganancias obstaculiza que la inversión se desate con fuerza.

Según las cuentas de Alejandro Gaviria, “el gasto público pasó de 14 % del PIB en 2005 a cerca de 17 % del mismo en 2025”, mientras que el déficit fiscal ha crecido a niveles de 6,5 % del PIB. Por lo general, los países serios no superan faltantes en sus cuentas fiscales del 3 % de sus productos nacionales. El déficit de Petro alcanza un nivel anormalmente elevado que obliga a un endeudamiento extraordinario. El gobierno ha estado contratando deuda a tasas exorbitantes mayores al 14 % anual a operadores privados, evadiendo las instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, que nos prestaban con tasas del 3,1 % anual, por medio de su Línea de Crédito Flexible (LCF). El problema para el gobierno progresista es que eran imperialistas, sanguijuelas que desangraban al país, algo que no sucede con los prestamistas privados que cobran 4,5 veces la tasa de los prestamistas multilaterales.

El crecimiento del gasto público tiende a desplazar la inversión privada porque accede a recursos crediticios con tasas de interés que a los empresarios resultan prohibitivas. No hay negocio que tenga utilidades mayores a las tasas a la que está dispuesto a pagar el gobierno, desesperado por gastar a raudales que aseguren la permanencia del Pacto Histórico en el poder. El candidato Iván Cepeda no se ha referido todavía a la economía ni ha hablado del plan de desarrollo que tiene en mente, si es que lo tiene.

El gasto público en 2025 alcanzó 17 % del PIB, superando incluso el gasto a que obligó la pandemia y superó por primera vez en décadas la inversión privada. Mientras el gasto público se hace en forma no reproducible en las clientelas del gobierno, la privada adquiere maquinaria, construye fábricas y depósitos, y contrata mano de obra adicional. Lo primero produce votos y adhesión al partido de gobierno, lo segundo crea nuevos bienes y servicios.

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