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EL VIERNES 30 DE ABRIL LA JUNTA Directiva del Banco de la República tomó por sorpresa al mercado por bajar su tasa de interés de referencia al 3%.
Generalmente el banco opera sobre tramos de 0.25% y al duplicar ese nivel la señal que envió fue bastante fuerte.
Pero la medida no debió sorprender a nadie. En el régimen inflación objetivo el banco se fija una meta; si la está sobre cumpliendo debe relajar su política. En efecto, la inflación anualizada en marzo registró un 1.8%, aún con el fenómeno del niño encima, cuando la meta es de 3%. Con la inflación tan reducida, los deudores reciben menos ingresos y se ven apretados con el servicio de sus deudas. Un nivel más bajo de tasas de interés, en general, estimula un mayor uso del crédito y, por lo tanto, se activa la demanda por bienes y servicios y, al mismo tiempo, puede aliviar a los deudores que se refinancian.
Blindado el frente inflacionario, el banco pudo entonces estimular la economía que comienza a reactivarse lentamente, donde ha ayudado mucho el nivel históricamente bajo de las tasas de interés. La economía colombiana no ha logrado recuperarse de la caída del 70% de sus exportaciones de manufacturas y alimentos hacia Venezuela. La reactivación es todavía débil y se debe al crecimiento de Estados Unidos y el inicio de las exportaciones hacia China e India. El petróleo es dominante en la dinámica exportadora del país, que tiene poco efecto multiplicador sobre el empleo y el resto de la economía. Puede pasar algo bastante nocivo incluso: que el gobierno, tan en la olla fiscal, monetice las divisas de Ecopetrol y con ello contribuya a la revaluación del peso.
Un efecto interesante de la medida tomada por el Emisor fue que el lunes el peso se devaluó 2%, mientras que las otras monedas de los países latinoamericanos se apreciaban o permanecían estables. En teoría, uno de los fundamentos de la tasa de cambio es el diferencial entre las tasas de interés del país con el de economías de las que llega capital o de países que compiten con Colombia por recibir flujos de capital. Lo que pareció afectar el peso colombiano ese día fue que simultáneamente el banco central brasileño subió su tasa de interés, anticipándose al recalentamiento de su economía. Se crearon así expectativas de que capitales que pudieran llegar a Colombia se desviarían hacia el Brasil.
Existen otros fundamentos de la tasa de cambio, como el balance en cuenta corriente, en especial la relación entre exportaciones e importaciones, las llegadas de capital extranjero o de deuda pública, el nivel de endeudamiento del país y las expectativas de los inversionistas del mundo.
A partir del miércoles de la semana pasada todas las monedas latinoamericanas de devaluaron con bastante fuerza por el temor al contagio de la crisis griega que puede incendiar la zona del euro y con ello hacer que los inversionistas saquen su plata de los mercados emergentes, lo cual también provoca que los nacionales se pasen a dólares.
Se trata de una situación que pone en riesgo a la mayor parte del planeta y ojalá logren conjurarla la comunidad europea y el FMI. Lo que ayuda en algo a Colombia es que el mercado de capital local se ha profundizado mucho (de nuevo gracias al Emisor) y más del 60% de la deuda pública está denominada en pesos. Lo que nos perjudica es que las necesidades de financiamiento del gobierno son enormes.
