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El Espíritu Santo y la macroeconomía

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Salomón Kalmanovitz
17 de noviembre de 2008 - 01:20 a. m.
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LA ILUSTRACIÓN MADURÓ EN EUROpa durante el siglo XVIII. Kant la entendió como la llegada del hombre a su mayoría de edad, como ser dotado de autonomía y juicio suficientes como para dejar de ser esclavo de la fe religiosa, de las pasiones y de los prejuicios.

Dentro del movimiento de la Ilustración se desarrollaron las bases de las ciencias modernas —la matemática, la física, la química, en fin, el estudio de las leyes de la naturaleza— y la economía política. La Ilustración alimentó también la reforma protestante, que abandonó la contradictoria concepción de la trinidad, negó la posibilidad de los milagros, como hechos que contradecían las leyes de la naturaleza y buscó las raíces históricas de un Jesucristo humano, modelo de comportamiento.

La economía política fue primero sistematizada por Adam Smith, un clérigo protestante de Escocia. David Ricardo en el siglo XIX fue su exponente más riguroso, quien diseñó una teoría de la distribución de la renta y sentó las bases de la teoría moderna del comercio internacional. Ricardo era judío sefardita o sea con ancestros expulsados de la España de los reyes católicos y vivía en Londres, capital financiera y de la tolerancia en Europa. La teoría bancaria y la política monetaria fueron compendiadas por Walter Bagehot, editor del semanario liberal The Economist desde 1860. Estos precursores sentaron las bases de un enorme arsenal de conocimientos teóricos y aplicados que fue desarrollado durante el siglo pasado y que puede ser apropiado por personas que dedican muchos años de estudios superiores y vidas enteras al estudio de la economía, a investigar y a publicar sus resultados.

El verdadero espíritu de la Ilustración no tiene fe siquiera en la ciencia. Ésta debe estar probando constantemente sus hipótesis, incluyendo ser sometida a pruebas de que las hipótesis contrarias sean falsas, lo cual aplica también a la economía.

Cuando el presidente Uribe dijo que esperaba que a la junta directiva del Banco de la República la iluminara el Espíritu Santo me dio un escalofrío. Me imaginé a sus siete miembros agarrados de manos, en oración profunda para alcanzar un trance en el que apareciera el Espíritu y les dijera si bajar, dejar iguales o subir las tasas de referencia del Banco Central. Sospecho que el Presidente se siente iluminado y que espera del cuerpo colegiado, en una condición similar, piense igual que él y que tome las decisiones que él está seguro son las adecuadas.

Me imagino que si los espíritus de Adam Smith, Ricardo o Bagehot se hubieran aparecido para ilustrar a la junta en los temas de su competencia, el espíritu santo los hubiera expulsado del recinto por ser herejes protestantes, judíos o ateos y los hubiera denunciado al también santo tribunal de la Inquisición. Me preguntaba si el Espíritu Santo había estudiado economía, dónde, qué contribuciones había escrito para el avance de esta ciencia y qué experiencia tenía en política monetaria. Me preguntaba, además, si estaría dispuesto a escuchar la posición del equipo técnico del banco y la de cada miembro de su junta directiva o si ejercería su poder de veto divino.

La conclusión es triste: la Ilustración está bien lejos de Colombia. No es accidental tampoco el lema para vender el país afuera: “Colombia es pasión”.

*Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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