El cuatrienio de la administración que culmina fue pobre en resultados. El crecimiento anual promedio entre 2023 y lo corrido de 2026 alcanzó solo el 1,9 % anual, lo que se compara mal incluso con el de América Latina, que también fue escaso –de 2,2% durante el mismo lapso de tiempo– pero algo mejor que el de Colombia. Esto a pesar de que las exportaciones del país se vieron favorecidas por altos precios, en particular del petróleo, pero también del café que sumados a las exportaciones manufactureras marcaron montos de alrededor de US $50.000 millones anuales.
Las exportaciones agropecuarias y de alimentos fueron el 30 % del total, destacándose las ventas de café, que crecieron 70 %, y las de aceite de palma. Las ventas de combustibles participaron con el 38 %, con una caída por menores ventas de petróleo y carbón en lo corrido del año. Las exportaciones de manufacturas alcanzaron el 22 %, jalonadas por productos químicos y maquinaria.
La inflación promedio fue del 6,6 % anual, esperándose que ronde el 7 % a fines de 2026, consecuencia de la generosa alza del salario mínimo que se otorgó Petro a los trabajadores, complicando la obtención de la meta de inflación del Banco de la República. Ante la presión inflacionaria que desataría el exagerado reajuste del salario mínimo, el Emisor elevó su tasa de intervención al 12,25 %, despertando la furia del presidente, que amenazó con otra alza salarial, pero que al fin de cuentas no llevó a cabo, pues sería interpretada como una vendetta personal y sería castigada por los mercados internacionales y la banca multilateral. Hasta el momento, la movida del Emisor parece haber tenido un efecto benévolo para que los precios se moderaran ante las alzas salariales concedidas por el gobierno.
De todas maneras, el presidente ha otorgado ajustes de salarios muy generosos siempre por encima de la inflación. Durante el cuatrienio, el salario mínimo real aumentó el 34 %, aunque el impacto no es generalizado: aplica solo a 2,4 millones de trabajadores, mientras que los ocupados son 11,3 millones de personas, la gran mayoría de los cuales gana menos del mínimo.
El empleo se recuperó a partir de 2023 tras la superación de la pandemia, continuó creciendo en 2024 y 2025: el aumento del salario tiene un aspecto contractivo sobre el empleo por la elevación de su costo, pero expansivo por generar una mayor demanda. La razón reside en que es poco lo que los trabajadores ahorran: gastan todo lo que ganan. A esto se sumó un gasto público muy expansivo, financiado con crédito externo que agudizó la revaluación del peso colombiano. La deuda total del gobierno nacional pasó de $800 billones en 2022 a $1.200 billones en 2026, la mayor parte contratada en dólares, lo que redujo la tasa de cambio a $3.200 el 24 de julio pasado, mil pesos menos que en agosto de 2022, perjudicando a las exportaciones industriales y agropecuarias.
El crecimiento del mercado laboral fue apalancado por los sectores de servicios, comercio y, en especial, administración pública. El 2026 marcó un hito histórico: el desempleo nacional marcó 8 % en marzo, el dato más bajo desde el inicio de la serie que la contabiliza.
El nuevo gobierno recibe una economía en expansión, sobre endeudada y con un peso muy apreciado, que puede ser desbordada por presiones inflacionarias. La nueva administración deberá, por lo tanto, aplicar una política contractiva que modere el alza de los precios, lo que puede frenar el crecimiento. Seguramente el nuevo gobierno contrarrestará las alzas salariales concedidas por la administración Petro.