No fue suficiente la política de subsidios focalizados para asegurar la permanencia del Pacto Histórico en el poder. Adulto mayor, Jóvenes en acción y la feria de las pensiones fueron insuficientes para engrosar las filas de los votantes por la izquierda. Quizás la excesiva presencia del presidente en medios y mítines opacó al candidato Cepeda, que no entusiasmó al electorado para garantizar la continuidad del partido de gobierno en el poder. El presidente sigue tuiteando, aunque su voz es cada vez menos audible para los ciudadanos. En el argot norteamericano, el futuro expresidente es ya un pato cojo, un lame duck al que cada vez se le presta menos atención. No importa que tan retorcidos y escandalosos sean sus mensajes.
En todo caso, fue una derrota contundente para Petro frente a un rival que carecía del respaldo del aparato de gobierno, pero que aprovechó la insatisfacción de muchos ciudadanos con el deterioro del sistema de salud al que el presidente atropelló con su shu, shu, shu, dejándolo sin recursos. También hubo resentimiento con el incremento de la inseguridad que se derivó de la política de Paz total, quizás el mayor fracaso del gobierno saliente.
Entretanto, Abelardo de la Espriella, arropado por el movimiento Defensores de la Patria y el lema de “Patria Milagro”, se estructuró sobre tres pilares: seguridad, recuperación económica y reforma del Estado. Hasta se comparó con Alejandro Magno, conquistador de medio mundo que vivió entre los años 356 a 323 a. C.. Abelardo interpelaba el sentimiento nacionalista adormilado y prometía milagros que salvarían la patria. El nuevo presidente se puso la camiseta de la Selección Colombia, algo que ni Petro ni Cepeda intentaron capitalizar.
También afirmó que no negociaría con bandidos, como lo había intentado Petro al nombrar presos condenados en el rol de gestores de paz. Por el contrario, aseguró que los encerraría por tiempo indefinido en mega cárceles de alta seguridad al estilo Bukele, tras juicios sumarios, sin garantías. Prometió, además, que promocionaría la inversión privada y recortaría radicalmente la burocracia estatal, lo que le permitiría reducir los impuestos a los contribuyentes más acaudalados.
Mucha gente preocupada por el creciente estatismo que promovieron Petro y Cepeda se alinderó con las propuestas neoliberales de Abelardo de la Espriella. El nuevo gobierno hereda un déficit fiscal gigantesco de 7 % del PIB y una deuda pública insostenible de más del 60 % del producto. Tendrá que hacer un doloroso ajuste y gastar poco por un buen tiempo. A pesar de todo, el candidato de la ultraderecha ganó la elección por un margen mínimo que hubiera sido favorable a la izquierda de haber contado con una persona más carismática de lo que fue Cepeda, o con más discreción de parte del presidente.
Terminamos así con un país dividido en dos mitades, lo cual puede ser favorable porque le resta margen de maniobra al nuevo gobierno liderado por un personaje radical que no tiene experiencia en la administración del Estado. Sin embargo, seguramente el presidente se rodeará de políticos de derecha y de una tecnocracia dirigida por el vicepresidente José Manuel Restrepo, quien fuera rector de la Universidad del Rosario y ministro de Comercio, Industria y Turismo y luego de Hacienda en el gobierno de Iván Duque. Su tarea fundamental será desmontar los elementos de intervención estatal y protección social que intentó construir Gustavo Petro y que ahora serán derruidos por sus opositores. Se vienen años difíciles no solo para los ‘nadies’.