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El primer año de Petro

Salomón Kalmanovitz

06 de agosto de 2023 - 09:05 p. m.

Hoy se cumple un año del mandato presidencial de Gustavo Petro y los resultados económicos de su gestión son mixtos. Se encontró con una economía perdiendo fuerza, pues pasó de crecer 7 % en 2022 a 3 % este año. La crítica pertinente es que se debió hacer una ampliación fuerte del gasto público para contener el deterioro, pero se hizo todo lo contrario: el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, se felicitó por su gestión porque logró un superávit fiscal, aunque debió más bien lamentarse por no corregir el lerdo crecimiento con una política activa de gasto público.

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Lo que debía hacerse no era precisamente ahorrar presupuesto sino generar un déficit fiscal de 2 o 3 puntos del PIB para empujar el crecimiento y hacerlo, además, de manera productiva en proyectos intensivos de mano de obra, como construcción de vías secundarías y terciarias, renovación urbana y proyectos de reforma agraria, atendiendo necesidades sentidas de la población.

Aun así, la senda transitada por la economía impulsó la creación de empleo que hizo descender la tasa de desocupación a niveles de un dígito, algo que no se veía desde hace cinco años. Según el DANE, “para el mes de junio de 2023, la tasa de desempleo del total nacional fue 9,3 %, lo que representó una disminución de 1,9 puntos porcentuales respecto al mismo mes de 2022 (11,3 %). La tasa global de participación se ubicó en 64,3 %, en junio de 2022 fue 63,7 %”. Hay que resaltar el sentido de las cifras: al mismo tiempo que aumentaba el empleo, más personas salían a buscarlo en el mercado laboral. Una cifra similar a la de hoy solo se obtuvo en agosto de 2018, cuando el desempleo alcanzó el 9,2 % de la fuerza de trabajo.

Uno de los mayores yerros del presidente fue nombrar a Irene Vélez en el Ministerio de Minas y Energía, una persona de inclinación radical que nada sabía de minas y más bien pretendía cancelar la exploración y explotación de hidrocarburos, incluyendo el gas natural con que cocinan la mayor parte de los hogares colombianos. Avanzaba así la mesiánica misión del presidente de salvar al planeta Tierra y todos sus habitantes del cambio climático. En reemplazo de Vélez fue nombrado Omar Camacho, ingeniero eléctrico, licenciado en física y magíster en administración de energía y fuentes renovables, quien ha sido cuestionado por inconsistencias en su hoja de vida.

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El Gobierno inició con pie derecho su gestión: formó una amplia coalición con partidos de todos los matices para hacer aprobar sus reformas, pero asumiendo el costo de darles participación burocrática en las instancias del poder. No pasó mucho tiempo para demostrar su impaciencia y rechazo a la coalición que rompió en pedazos, al decidir gobernar solo con las huestes de su partido, el Pacto Histórico.

La realidad es que el Ejecutivo perdió capacidad de maniobra al no contar con operadores como Roy Barreras, que hizo mutis en camino hacia la embajada en Reino Unido. Las ejecutorias futuras van a depender de que el Gobierno logre negociar y armar mayorías parlamentarias, algo para lo cual no tiene talante. Por el contrario, Petro parece disfrutar más de la camorra que de lograr sus objetivos de política que son loables: inclusión social y desarrollo económico.

Según Patricia Lara, “la ejecución ha sido mala. Por ese motivo, el presidente ha regañado a algunos ministros. Sin embargo, en gran parte eso se debe a su estilo peculiar de administración: él es un jefe que no se comunica; que llega tarde a las citas o no llega”. Le quedan tres años para rectificar.

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